Por: Ginny Flores

Hace algún tiempo que las productoras de películas han apostado por revivir la fórmula que tanto éxito les dio en épocas pasadas: Princesa + Situación de peligro + Príncipe= ¡ÉXITO! La reinvención de historias conocidas y muy queridas por el público ha abierto un nuevo camino para llegar hasta el corazón de los espectadores con versiones live action de los clásicos animados. Sí, Disney, te estoy hablando a ti.

Érase una vez…

Esta tendencia comenzó en 2010 con Alice in Wonderland. Sí, sí, ya sé que estarán
pensando cosas como “ésa no es tan buena adaptación del libro como la película animada” o “ésa no es la primera vez que se hizo una adaptación en live action de un clásico”. Sí y sí, tienen razón en ambas cosas y –probablemente– tengan razón en todas las demás cosas que estén pensando. Sin embargo, es esta entrega de Tim Burton la que abre las puertas a los nuevos refritos de los ya icónicos clásicos infantiles.

Después del arrollador éxito de Alice, algunas otras casas productoras apostaron por hacer su propia adaptación de una película animada exitosa en taquilla y darles vida a los entrañables personajes con personas reales. Fue así como Snow White and the Huntsman, de Universal Studios, y Mirror, mirror de Relativity Media, ambas de 2012, pusieron sobre la mesa el gran abanico de posibilidades que la industria cinematográfica tiene en sus manos para acabar con la sequía de nuevas ideas… –Oh, esperen ¿eso lo escribí o lo pensé?– Comparadas con Alice, el éxito taquillero de las dos películas anteriormente mencionadas no fue arrollador, pero tampoco pueden ser consideradas un fracaso, pues ambas recaudaron casi el doble de lo invertido en su producción.

Es aquí cuando el estudio del ratón –sí, Disney, te estoy hablando a ti de nuevo– vio un excelente negocio detrás de los conocidos remake para hacer con sus afamados clásicos y ganar unos cuantos millones más –como si al ratón le hicieran falta más ceros que agregar a su cuenta bancaria–.

Alice in Wonderland apostó por contar la historia de una Alicia de 19 años y no de 7 como en la película animada –y ni hablar de la Alicia del libro–. Para quienes vieron la primera versión de Alice, la historia de esta nueva versión no se parece a aquella en la que nada tiene sentido, tal cual pasa en el libro. Alice es, por decirlo de algún modo, una reinvención, una interpretación de lo que habría sucedido si Alicia hubiera regresado una tercera vez a Wonderland (o Infratierra, como la llaman en la película). Mientras que su versión animada respeta básicamente cada coma del libro, la versión live action se toma demasiadas libertades para reinterpretar la historia de Alicia; Pasamos de tener a una niña con problemas mentales a tener a una adolescente adelantada a su época, con alucinaciones y ¿guerrera? Sí, Alice pasa de ser una niña dulce y tierna que odia la clase de historia a ser la representante del ejército de la Reina Blanca en una batalla entre dos hermanas que no se quieren.

Después de Alice, en 2013, llegó a la pantalla grande Oz: The Great and Poweful cuya
historia no es una adaptación del libro El mago de Oz sino una precuela, la historia de lo que era la tierra de Oz antes de la llegada de Dorothy. Al ser una precuela, no existe un punto de comparación con su predecesora porque… ohm, bueno, Disney jamás ha hecho una película animada de El mago de Oz. Y tratándose ésta de lo que hay antes de Dorothy, el universo fílmico que nos plantea está bien pensado, sobre todo porque nos muestra el origen de la maldad de Theodora. La aceptación de esta historia original no fue muy buena entre la crítica porque la encontraron muy parecida al concepto manejado por Burton 3 años antes. Sin embargo, en taquilla no le fue tan mal, pues recaudó el doble de lo invertido en su producción.

Yo también quiero mi Live Action

Al ver que este método de inventar una historia antes de la ya conocida les función, los ejecutivos de Disney pensaron en darle una historia a la mayor villana animada de toda la historia: Maléfica –perdonen mi gusto personal, pero como Maléfica no hay dos– y así crearon la versión que Maleficent tenía que contarnos sobre su historia.

Aunque el éxito taquillero lo tuvo (recaudando poco más de 700 millones cuando su inversión sólo fue de 180 millones de dólares), la crítica especializada no la recibió como el estudio del ratón hubiese querido. Y es que nada tiene que ver el mensaje –ya visto y sobre explotado en Frozen– de que el verdadero amor puede venir de cualquier lado y no sólo de la pareja sentimental sino que destruyen por completo la figura de Maléfica y destrozan el ya de por sí destruido cuento original. ¿Recuerdan las hadas patea traseros de Sleeping Beauty? De ellas no queda ni el nombre. ¿Qué hay de la Maléfica mala, mala, mala, mala? Pues nada, que se vuelve el hada buena que cuida, en lugar de intentar destruir, a la pequeña Aurora. ¿Y Aurora? Bueno, Aurora siempre ha sido una inútil, pero aquí queda más que claro que lo suyo es dormir.

Después de este descalabro en live action, llegó a la pantalla grande Cinderella. Aquí, pareció que Disney aprendió de su error y se mantuvo en la línea original de su clásico animado con unos ligeros cambios –sí, ligeros porque el que la madre de Cenicienta aparezca viva y ella, como el padre, mueran durante la película no podría afectar ni alejarte del cuento original ni la película en la que te estás basando–. Si el éxito taquillero de Maleficent pareció arrollador, el de Cinderella fue poco más que avasallador. Sólo se necesitaron 95 millones de dólares para poder crear el universo de Cindirella y con eso bastó para recaudar la módica cantidad de 543 millones. Pensándolo bien, tampoco es que sea una ganancia tan espectacular, pero, ¡hey! La crítica no la destrozó. Aunque está claro que nada hará que olvidemos a los entrañables Gus-Gus, Jack y al malvado gato Lucifer que quedaron a debernos en esta readaptación.

Hasta el momento, Disney había probado que tenía la facilidad para crear espectaculares escenarios sobre una hermosa pantalla verde, que diseñar animales en CGI era pan comido, que podía hacer que la más mala del reino quedara como una ñoña romántica y que bien podía hacer pasar por Hada Madrina a la más fiel seguidora de Quién-ustedes-saben y todo esto le hacía ganar millones. Pero aún había retos por cumplir, el más importante: animales en CGI capaces de interactuar con un único actor humano real en pantalla y parecer tan reales que no cupiera duda de la veracidad del dicho “ningún animal fue maltratado en la realización de esta película”.

Y la tan esperada oportunidad llegó en 2016 con la versión real de The Jungle Book. Hay que decirlo con todas sus letras, como es, es la película live action que más elogios ha recibido por parte de la crítica y todos ellos gracias al gran trabajo alcanzado con los efectos especiales de esta película. Con el punto exacto de cambios necesarios para no ser una copia idéntica a la película animada de 1967, The Jungle Book logra posicionarse como una de las mejores readaptaciones y –al parecer– la más amada por los fans, pues no sólo respeta la idea original y muestra un manejo maestro del CGI sino que mantiene la parte más emotiva de la película animada: la banda sonora incluyendo las canciones que a tantas personas cautivó en el 67.

El mismo 2016 dio vida a un nuevo largometraje live action que significó un retroceso en la recepción crítica de la misma: Alice Through the Looking. Sí, visualmente fue magnífica, fabulosa y asombrosa como lo fue, en su momento, su predecesora; sin embargo no aportó nada bueno más que una historia desordenada y poco clara y que no logra ocultarse con los efectos de la pantalla verde. Creo hablar por muchos fans cuando digo que es mejor pensar que esta película jamás existió.

Pero esto no ha terminado…

Ante esta ola de recientes remakes de clásico animados, la empresa liderada por un ratón, decidió anunciar la versión en “acción real” de la que, posiblemente, es la princesa con mayor inestabilidad emocional y un severo Síndrome de Estocolmo: Bella.

A escaso un mes del estreno en México de Beauty and the Beast ya hay montones de fans enojados por muchas cosas relacionadas con la producción de esta película. Posiblemente la más sonada hasta ahora ha sido la horrible muñeca de Bella. Esperen, eso nada tiene que ver con la película en sí… –Bueno, igual, sólo quería mencionar que la muñeca de Emma Watson como Bella es fea–.

No, la verdad es que el diseño de los personajes en CGI ha dejado demasiado que desear. La señora Potts, Chip, Din Don y Lumière no han aparecido en la pantalla grande y ya nos parecen feos y sin gracia. Otro desacierto de la película es la negativa de Emma Watson por usar un corsé pues siente que esta forma de represión hacia la mujer no debería existir (recordemos que Watson ha figurado como una feminista en activo) por lo que el diseño del afamado e icónico vestido amarillo característico de Bella ha desaparecido ¿qué será de la película sin él?

A pesar de estos fallos, los avances mostrados hasta ahora, han dejado ver que Disney repetirá la fórmula probada y aceptada en The Jungle Book: hacer casi una calca exacta de la película animada con banda sonora y diálogos casi, casi, repetidos uno por uno.  En otras palabras, Disney se estará auto plagiando. ¿No me creen? Echémosle un vistazo a este tráiler fanmade en el que se compara los trailers de ambas versiones y en el cual puede observarse que, básicamente, esta nueva versión está calcando cuadro por cuadro a su predecesora.

Las comparaciones no han cesado, por el contrario, han ido aumentando de a poco conforme la fecha de estreno se acerca. Y es gracias al último clip de Emma Watson interpretando el tema inicial de la película que los rumores (y las quejas) han aumentado con respecto al trabajo de copy & paste que la empresa ha hecho de este gran clásico. Sólo nos queda esperar para saber qué tan bien (o mal) le irá a Disney con este nuevo intento por traer las mieles de tiempo pasado al presente.

Y hay mucho por venir

Y si creíamos que después de esta entrega Disney se olvidaría de más live action, nos equivocamos. La empresa ha confirmado, hasta el momento, sus intenciones por realizar las versiones reales de Mulán, Dumbo, una segunda parte de Maleficent, una segunda parte de The Jungle Book, Cruella (un spinoff de 101 dálmatas) Aladdin, Winnie the Pooh, Little Mermaid, Pinocho, Tinker Bell e incluso se ha mencionado la realización de la película ícono de los niños de los noventa: The Lion King.

No se duda de la capacidad del estudio del ratón para lograr los efectos especiales necesarios para trasladar del papel a la acción, pero muchos nostalgiafans nos preguntamos si, por ejemplo, las actuaciones de las actrices elegidas llenarán los zapatos de sus versiones animadas o si no es una exageración llevar a la acción real una película sin humanos.

Sin duda, estos clásicos re-hechos sólo pueden ser muy amados o muy odiados, parece que el tono medio no existe.

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