A lo largo de los tiempos, el ser humano ha recibido diversas caracterizaciones basadas en su evolución y la de sus peculiaridades antropológicas: homo habilis, homo erectus, homo neanderthalensis, homo sapiens, son algunos de los nombres que han recibido las distintas etapas del hombre, pero, ¿seguimos siendo homo sapiens sapiens? Para el politólogo italiano Giovanni Sartori, no. Él denomina al hombre actual como Homo Videns.

En la actualidad, privilegiamos la vista sobre cualquier otro sentido, nuestra mente está severamente condicionada por lo que se muestra en una pantalla y mientras las imágenes sean lo más “reales” y con mayor “definición” posibles, mejor. Esto, precisamente, forma parte de la definición del Homo Videns. ¿Pero Chong? ¿Qué acaso no era una columna para gamers me preguntaran? Pero no desesperen, a eso voy mis queridos lectores, a eso voy.

En los videojuegos también se ha visto reflejada esta tendencia del Homo Videns, la industria ha evolucionado de 4 bits a 128 bits, de 160 x 192p a 1080p y así hasta llegar al famosos 4K. Lentamente fuimos haciendo una transición del 2-D al 3-D, con algunos casos de 2.5-D –como le decían en esa época– y gracias al N64 y al Dreamcast, se sacrificó la estética de los juegos por una mayor interactividad. Muchos de nuestros queridos personajes dieron el salto a un mundo más grande e interactivo. Poco a poco estos horrendos escenarios poligonales fueron pulidos y aunque hay alguno que otro exponente de este estilo retro, por un corto periodo de tiempo los pixeles fueron casi olvidados.

La sexta generación de consolas trató de dejar muy claro hacia donde era la dirección que los juegos iban a tomar. Con clásicos instantáneos como Shadow of the Colosus, MGS3, WoW, Halo, God of War, KotOR, GTA, RE4, uuuuuuufff la lista puede seguir y seguir, pues ha sido una de las generaciones más productiva de la historia. Pero si algo distingue a toda esta generación de juegos, es que todos explotaron las posibilidades de un mundo 3-D al máximo con lo mejor que podían ofrecer los motores gráficos de la era. Sin embargo, al parecer ningún desarrollador estaba pensando en revivir ese antiguo arte del pixel y mucho menos de 2-D. Inclusive franquicias que se consolidaron en ese terreno, durante esta etapa, hicieron grandes saltos visuales como Metroid Prime, Ninja Gaiden, Prince of Persia o TLoZ:tWW, claros ejemplos de esta tendencia.

A pesar de que las consolas ya tenían marcado su camino, en la PC ocurriría el primer paso para el renacimiento de los pixeles, STEAM. Sí, aquella pionera aplicación que desde el 2003 nos ha permitido gozar de miles de juegos.

La master race, impulsada por Valve, fue quien inició a este resurgimiento. Y a través de esta plataformar, la compañía inició un museo de lo emulable. Fue esta innovación la que despertó el interés de las compañías grandes para abrir un mercado similar…

Así fue como Microsoft se las “súper ingenió” y presentó el Xbox Live Arcade dentro de su nueva consola para la séptima generación, Xbox 360. Y aunque no fue el único, ya que todos los demás harían lo mismo, sí fue el primero en marcar una pauta sobre cómo evolucionaría este mundo en las consolas.

En una época en la que gráficos de alta definición dominan el terreno de los videojuegos y donde se aproxima una oleada de 3-D, el pixel ha sobrevivido bastante bien. Y es que, en mi opinión, a partir de que este mercado estuvo disponible en las consolas de séptima generación, más y más desarrolladores independientes se dieron cuenta que existía una audiencia que añoraba y esperaba que surgieran juegos así. Que la mayor potencia gráfica no fuera un estándar pero sí una historia buena y envolvente y un control o modo de juego sólido.

Y es que siendo realistas, el pixel ha durado asombrosamente, teniendo en cuenta que nació de la necesidad. Las primeras consolas eran incapaces de renderear gráficas detalladas pero lograban su cometido. Pixel a pixel se iban agregando detalles, y así, de manipular pixeles para asemejar una figura humana, pasó a ser una forma de arte por sus propios méritos.

Aunque haya muchas opiniones que piensen lo contrario, el manejo de pixeles, incuestionablemente, se ha convertido en una expresión de arte. ¿Por qué? No sólo por el hecho de que actualmente existen muchos artistas que usan esta técnica, sino por que más allá de la popularidad que ha ido creciendo en los últimos 10 años, creo que así como muchas técnicas artísticas, es atemporal. Ha perdurado más allá de los polígonos y el 3-D, que sólo se van poniendo mejor y mejor, mientras que el pixel es más fidedigno a lo que desea transmitir el artista.

En pocas palabras lo que se veía chingón en los ochenta, se ve chingón hoy. ¿Pero qué es realmente lo que nos motiva a reinsertar esta expresión, año con año, en la sociedad? ¿Es la nostalgia que nos trae ver algo en pixeles? ¿O es algo más? Pienso que hay algo único y bello en poder representar tu realidad, ya sea en juegos, pinturas o ilustraciones, con la menor información posible. Al final termina siendo una de las formas más comunicativas y abstractas que el hombre contemporáneo ha desarrollado, y claro, viene con puntos extras de nostalgia. ¿Ustedes qué opinan?

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Escritor, Guionista, Realizador, Fotógrafo, Editor y AP por hambre. Gamer de Pelea, Amante del cine, las novelas gráficas, los cómics y el manga por amor.