La competencia entre las grandes franquicias DC y Marvel por llevar a sus heroes a la pantalla grande es inmensa e incansable, por lo que resulta imporesionante que la última entrega de Warner Bros/DCMujer Maravilla, no abandone este enfoque que han establecido sus antecesoras, al contrario, lo abraza y lo redefine, dejando claro que es posible que una película de superheroes del Universo Cinematográfico de DC tenga su historia, sus problemas emocionales y sea divertida a la vez.

Mujer Maravilla tiene una ligereza y torpeza que ninguno de sus predecesores podría reclamar, pero no excluye esa crisis filosófica y al héroe que trata de encontrar su identidad explotando los temas favoritos del DCEU: si la humanidad realmente merece a los héroes y que tan posible es que una sola persona maneje un poder inmenso.

La historia inicia con un pequeña Diana con deseos de ser entrenada en los artes del combate como cualquier otra amazona, actitud reforzada por Antiope, que cree que debe de explotar al máximo el poder de la amazona, muy en contra de los deseos a la reina Hypolita muy renuente a que su hija se participe en algún combate y siga protegida en bajo su resguardo en Temiscira. Al final la pequeña amazona se impone, logrando aquel deseado entrenamiento y sin conocer el origen de toda su fuerza.

Los problemas empiezan cuando el avión piloteado por el espía británico Steve Trevor (Chris Pine) cae en las aguas cercanas a la isla de Temiscira, atravesando la barrera que protegía mágicamente la isla, siendo perseguido por soldados alemanes. Fuera de la burbuja paradisíaca de protección de esta isla amazónica, la Primera Guerra Mundial ha estado en marcha durante cuatro años, 25 millones de personas han muerto y un armisticio está en marcha. Pero un ambicioso general alemán llamado Ludendorff (Danny Huston, cabe mencionar que el Gral. Ludendorff fue un personaje real y de armas a tomar) y su preocupada científica la  Dra. Maru (Elena Anaya) están desarrollando un arma que puede cambiar el curso de la guerra y así evitar la firma del armisticio.

Horrorizada por los informes de Steve de la guerra, Diana abandona la isla, convencida de que el combate fue causado por el antiguo enemigo de las Amazonas, Ares, el dios de la guerra. Ella cree que si encuentra y mata a Ares, de repente los alemanes “volverán a ser buenos hombres” y se retirarán para así dar fin a la guerra de todas las guerras… Pero esto tiene un costo, al salir de la isla sin la aprobación la Reina, siguiendo su libre albedrío ella ya no podrá volver, y aun así nuestra heroína decide irse. 

El acto de apertura en la isla de las amazonas, la batalla fue un toque visual de los más increíble, que termina contrastando – y mucho– con el mundo de afuera, el mundo donde no hay héroes y existe una guerra de 4 años. Los personajes que van mostrándose, al principio tienen un fuerte deseo de tratar a Diana como sólo otra mujer sorprendentemente hermosa, en otras palabras, para protegerla y que ocupe un lugar en su sociedad. Y sin ser para menos no es algo en lo que nuestra amazona este de acuerdo.

Ella es un pez fuera del agua en Londres en 1918, lo que da pie a varias oportunidades para bromas en cuanto a que Steve trata de controlar y contener algunas de las acciones de Diana, fallando totalmente. Este cambio de ambiente propicia que veamos como parte del conflicto entre nuestros protagonistas es el poder que juega la idea entre Steve y Diana sobre si el mito de Ares es real y si las historias de dioses, amazonas y mágicas islas ocultas tienen algún lugar en el mundo moderno

La directora Patty Jenkins y el guionista Allan Heinberg logran exploran esos temas con una humanidad que faltó a las películas anteriores de la franquicia. En sus manos, la Mujer Maravilla cuestiona su lugar en el mundo, pero no su identidad inherente. Desde el principio se basan en la superioridad natural de su protagonista al ser una legendaria amazona.

Uno de los puntos bien aprovechados por Jenkins, es que acentúa y celebra los rasgos femeninos de Diana. No solo sus increíbles accesorios que repelen las balas; la espada “Mata Dioses” o la capacidad de disparar ondas de choque de sus muñecas, o ese look sexy, pero también la empatía de la amazona con el mundo. 

En la pantalla la química entre Gadot y Pine es fascinante, en la escena en la que se presenta a si mismo como un hombre “por encima de la media” (como él se esfuerza en señalar) no puede evitar quedarse un poco bajo la mirada clara y curiosa de Diana. Sólo hay un parpadeo de decepción en sus ojos cuando se da cuenta de que ella está más interesado en su reloj de pulsera que en su otro “equipo”. Así como esta escena hubo varias en la que vemos esta química sobresalir. 

En resumen, no solo es una película visualmente entretenida con grandes efectos, el contexto de la historia, la dirección, el guión y la química entre todos los personajes, hacen de la mujer maravilla, lo que en su momento fue el Primer Vengador: una película que no te puedes perder.

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