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La pasión de un niño por sus colecciones

Por: Alí Gomont.

– ¿Cuántos sobres compraste?
– 2
– ¿Te ayudo a abrir uno?
– Sí, toma, pero con cuidado.

¿Cuántas veces habré tenido esa conversación en mi infancia y adolescencia?, ya sea al salir de la escuela, los fines de semana con mis amigos o incluso entre mi familia. Los sobres que contenían cartas coleccionables, stickers para mi álbum, figuritas o de Trading Cards, desde niño coleccionaba tantas y tantas cosas, pero saben, me alegro que me hayan inculcado mis padres el coleccionismo.

El coleccionismo en niños es algo común y algo que la mayoría de las generaciones viven en su momento, no es nada malo, al contrario, los beneficios que trae al niño son increíbles, ahí les va algo vivencial, como ejemplo:

ORDEN (Cartas coleccionables y álbumes de estampas)

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Las colecciones que exigían mas orden han sido las de cartas, ya sea las que eran para juntar algún álbum o las tan famosas Pepsicards. No podías tenerlas apiladas, todas estaban numeradas y en caso de las que iban en un álbum, era necesario acomodarlas en su lugar correspondiente y el resto (en mi caso), acomodarlas en pequeñas pilas dentro de una caja en orden numérico. El trueque era común, por lo que, si quería progresar en mi colección de cartas, era necesario saber que tenía repetido para poder cambiarlo.

Las Pepsicards se podían juntar, cambiar y jugar, también tenían su álbum, pero no eran diferentes de otras tarjetas de no ser por la portada; para obtenerlas, cambiabas taparroscas en las tiendas, pero yo las compraba afuera de la escuela, jamas en la tiendita. Como el azar determinaba las cartas que salían en los sobres, yo los tomaba y los doblaba tantito, si eran más rígidos que otros, probablemente había una carta metalizada; casi nunca funcionaba, pero cuando lo hacía, podía presumir que adivinaba el contenido. Una vez que tenía mis cartas, era la hora de ver donde iban en el coleccionador y ver cuales tenía repetidas para cambiar, ¡todo un ritual!

PERSEVERANCIA (Tazos)

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“En qué papas sacaste ese tazo, ¡está bien padre!”

Todo eso se hacía con paciencia y mucha perseverancia, ya no quería comer papas pero quería el tazo de Buster Bunny, luego tampoco estaba disponible fuera de la escuela porque ya lo habían vendido, pero bueno, mis domingos eran de esa señora, y sí, tal vez no gastaba en mis maquinitas por comprarme un tazo, eso me lleva a otro punto importante.

ADMINISTRAR DINERO 

No podías hacer nada si no tenías dinero y practicamente con lo que contabas era tu domingo, me iba bien, $20 pesos y con eso decidía en que lo quería gastar, pero yo lo guardaba para cuando viera algo que me gustara, muchas veces eran las maquinitas, pero otras tantas para completar mis colecciones. Necesitaba saber a donde iba cada uno de mis centavos, para no quedarme sin dinero para la reta donde mis amigos me esperaban.

SOCIALIZAR (Hielocos)

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Ok, tengo mi bolsita de hielocos, muchos repetidos, pero tengo el de la suerte, éste me hizo ganar muchos otros, así que ya listo para el recreo y todos pegados a una pared, poníamos los que queríamos “apostar”, agarrábamos al de la suerte y con toda nuestra puntería y ganas… ¡Zaz! Tirabas el tuyo…

Casi siempre el que empezaba ganaba la mayoría, pero que importaba, eran los repetidos y los que no tuviera, eran ganancia, luego se unían más compañeros de otros salones que no conocíamos, solo para jugar todos unidos y pasar un rato agradable y lleno de emociones, de risas y asombro.

Desde niño he sido coleccionista y he visto evolucionar a este mercado, pero es aún mas antiguo que 20 años y nuestros padres lo experimentaron; con todo lo que sacaba Bimbo, muchas veces ni siquiera hacía falta que una compañía sacara una edición de colección, solo bastaba con encontrar una afición: relojes, muñecos de cerámica, tenis, cámaras, cómics, etc. Los gustos son tan diferentes que la lista se extiende mucho como para describirla toda, pero son ellos, nuestros padres, los que nos inculcaron desde niños este gusto por tener cosas, cuidarlas y hacer de ellas memorables.

El tiempo ha dictado el coleccionismo, los niños de ahora, los que nacen “digitales”, también lo experimentan, en sus computadoras, en sus tabletas, algunos juegos tratan sobre ello, un clásico ejemplo es Pokémon.

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Sólo para concluir, los niños coleccionistas, los de generaciones pasadas y las que vienen, son tan afortunadaos de tener un mundo por compartir, por mostrar y por cuidar. Piensen, ¿qué sería de un museo sin un coleccionista?

Síganme en Twitter: @Dark_xion

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Ali Gomont
Diseñador gráfico de profesión, videojugador y amante de los cómics por convicción.

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