Por: Siul Roxas

Hermoso, fantástico y desafiante, es así como describiríamos a Cuphead, un juego que desde el primer momento en que fue anunciado llamó la atención de muchos jugadores y no por la propuesta de ser un juego de disparos en scroll lateral, sino por su maravilloso y único estilo de arte que nos transportó a esas caricaturas de los años 30.

Se puede observar en cada detalle como Cuphead es un título hecho con amor por parte de sus creadores; los hermanos Chad y Jared Moldenhauer —dueños de Studio MDHR—
quienes no sólo apostaron todo por ver realizado su sueño, también cumplieron con un juego ambicioso y no sólo por su apartado visual, también la música que lo acompaña es magistral y muy acorde con la ambientación que nos quieren transmitir, sin dejar de lado el sistema de juego, el cual es muy desafiante y donde si no estás el tanto de todo lo que te rodea serás penalizado hasta el punto de hacerte comenzar desde el inicio las batallas o los niveles que nos ofrece.

El cobrador del diablo

La historia no es muy profunda, pero cumple su cometido.

Todo comienza cuando nuestro peculiar amigo con cabeza de taza entra a un casino y tras una racha de victorias es cegado por su ambición, lo que provoca que en un momento de ingenuidad, apueste su alma contra el mismísimo diablo, trayéndole terribles consecuencias, ya que como era de esperar, la pierde.

Para no caer en las manos de satanás y ser arrastrado hacia las profundidades, Cuphead junto con su amigo Mugman se dan a la tarea de recolectar las almas de otros deudores,  dando así pie al juego.

Los jefes que se nos presentan en el juego son cada uno de estos deudores, nosotros elegimos en qué orden enfrentarnos a ellos recorriendo el mapa, que recuerda a juegos clásicos de Mario Bros con un toque mayor de libertad.

Cada uno de estos jefes esta salido de la imaginación de sus creadores, siendo todos muy distintos entre sí, desde enfrentar a un cigarrillo hasta a una medusa, los ataques de cada jefe varían dependiendo de la forma que tienen, contando con el factor aleatorio en cuanto al orden de sus ataques, y teniendo cada uno diversas fases de enfrentamiento las cuales cambian dependiendo de cuanta vida les hayamos bajado.

Cada uno de estos jefes es un completo desafío, algo difícil pero justo –nadie dijo que sería fácil–, donde las batallas duran entre dos y tres minutos, ya exagerando, también depende mucho de si no mueres en el intento, pues al más mínimo roce de un jefe o alguno de sus esbirros perderás un punto de vida, tienes que ser preciso y no dudar para evadir sus ataques, lo cual pareciese sencillo, pero es una labor estresante, sin embargo todo es parte de la prueba y error, conforme avanzas tú como jugador adquieres experiencia para próximos enfrentamientos, haciendo el juego más llevadero y haciendo de cada victoria una satisfacción inigualable.

Sólo un disparo más

A medida que avanzamos en el juego, podemos adquirir nuevas habilidades, armas y poderes especiales que nos ayudaran a combatir a los jefes, sin embargo para hacernos con todo esto es necesario recolectar las monedas que están dispersas por los niveles de Gun&Run que son otro desafío más para el juego, podrá verse fácil el pasar uno de ellos, –muy al estilo Megaman, para los que gusten de los plataformeros– pero no hay que dejarnos engañar, superar estos niveles requiere concentración al igual que los jefes, pues si no ponemos atención a lo que está ocurriendo podemos morir en el intento por conseguir las monedas.

¿Son necesarias?, no lo creo, pero nos ayudan a superar el juego de diferentes formas, lo cual le da variedad. Podemos escoger entre un disparo de corto alcance pero que va a subirnos el daño o un arma autodirigida que apenas y le hará cosquillas a nuestros enemigos, incluso podemos subir a 4 en puntos de vida de los 3 que ya tenemos pero esto le quitara impacto a nuestros disparos, una cosa por la otra, somos nosotros quienes decidimos cómo vamos a enfrentarnos a los diferentes niveles y jefes. Sin duda alguna mejora la experiencia de juego.

Arte y musicalización

Podemos decir sin dudarlo que Cuphead es una obra de arte en este apartado, pues su propósito de verse como una obra de los años 30 lo cumple de forma perfecta. Para lograr esto, se trabajó de una manera casi artesanal, pues cada una de las animaciones fue dibujada a mano y el movimiento fue trabajado a 24 cuadros por segundo, tal como las caricaturas de antaño, dándole ese efecto cinemático, obviando que la acción se mueve a 60 cuadros por segundo.

La musicalización encaja de muy buena forma, trayendo los ritmos de la época de los 30’s, con esos sonidos de jazz siendo una recreación fabulosa y un tanto familiar para quienes hayan visto en alguna ocasión una de estas caricaturas por internet. El audio suena un tanto limpio, pero es muy poco relevante cuando estas inmerso en él.

¿Vale la pena?

Cuphead es un juego que cumplió con la expectativa, desafiante, y maravilloso, no es difícil como muchos lo hicieron ver en su día, pero nos pide paciencia porque si perdemos es por errores nuestros, no del juego.

Artísticamente es una maravilla visual, al recrear las caricaturas de los años 30 pero se pierde un poco esto, al estar más atento de todo lo que hay en pantalla cuando estamos peleando contra los jefes, pero no se preocupen, pues conforme avanzan y dominan más el juego pueden percatarse de todo esto.

Por otra parte, los tiempos de carga pueden tardar hasta 20 segundos, pero no es muy común, contrario a esto, una vez que estemos dentro de una batalla o un run&gun al reiniciar la partida si es que nos matan, será casi instantáneo.

Un juego verdaderamente divertido, al que te puedes pegar un vicio bastante grande. Si le he de dar una calificación esta es 9, no dejen pasar esta gran joya indie.

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Columnista invitado es aquel que escribe [muy] ocasionalmente en El Vortex, y por tanto no tiene una cuenta personal en el sitio. Aunque si te gustó la que acabas de leer, tus comentarios quizá le hagan involucrarse más y escribir más seguido.