Lo conocí una tarde lluviosa y complicada, y no lo digo por sonar interesante, sino porque lo fue. Lo tenían a él escondido en un pequeño recoveco de un hotel cercano a Viaducto y Revolución, donde se desarrollaba un evento dedicado al Halloween el cual muchas personas preferirían olvidar; y fue precisamente una mezcla de adversos, entre ellos la falta de gente y una pésima organización, que los miembros de Amor Geek -que pocos recordarán fue lo que vino antes de El Vortex, o al menos para mi persona- pudimos colarnos en aquella inexistente fila para conocerlo y tomarnos la obligada foto conmemorativa.

“Era altísimo”- fue mi primera impresión al acercármele, recuerdo bien que estaba sonriendo; tal vez porque era temprano aún y no se encontraba fastidiado, o porque sinceramente le fascinaba conocer gente tan entregada a su legado. Me gustaría pensar -y planeo quedarme con esa impresión- que era por lo segundo.

Recuerdo, volviendo un poco al evento, las mentiras que corrieron respecto de su visita: que si su presencia fue posible gracias realmente a Blockbuster -ahora también inexistente- y no gracias a los organizadores del evento en cuestión; quienes también pasaron interminables horas justificando a los [desairados] asistentes que el señor no podía firmar autógrafos porque estaba lesionado de una mano, mientras que el rumor era también que padecía de Parkinson.

Debo admitir algo: Ha decir verdad nunca fui completamente fan de su obra, al menos no de manera directa. Mi inducción a convertirme en un enormísimo fan de los zombies nació realmente gracias a “La Noche de los Muertos Vivientes” … el remake, realizado por Tom Savini en los 90s. Ante mis ojos siempre preferí esta versión a la original inclusive. “Dawn of the Dead” y “Day of the Dead” me parecieron entretenidas, pero igualmente superadas por el remake que hizo de Zack Snyder a principios de siglo y que no sólo lanzó su carrera mucho antes de que realizara obras maestras que idolatro como “Watchmen” o “300” (y otras que aborrezco como “Batman v Superman”), sino que también se convirtió -hasta la fecha- en mi cinta favorita del género.

“Land of the dead” creo ha sido la cinta de su filmografía zombie que más me gustó por su juego de conceptos dentro de la mitología del género. Pero si hay una cinta que pocos conocen, pero todos deberían ver, que siento incluso es una película obligada de todo el amplísimo género del terror es “Creepshow”, la cual -realizada en contubernio directo y personal con Stephen King- es probablemente una de mis 3 cintas favorita de horror de toda la vida (acompañada tentativamente por El Exorcista y precisamente Dawn of the Dead de Snyder).

Ahora bien, dejando de lado un poco su obra personal; sin su persona y el inmenso impacto que su mera existencia dejó por legado, no existirían ni The Walking Dead, ni Resident Evil, ni marchas zombies, entre otras cosas más-; personalmente, en este juego llamado existencia donde todos estamos conectados, si no hubiera sido por él, hoy día, yo no tendría los planes de vida que ahora tengo.

Sin él no habría existido un fenómeno zombie esperando algún día brotar con semejante intensidad como para que un dibujante llamado Jorge Break hubiera recibido una propuesta de realizar un comic de zombies, momento que derivaría en una invitación de su parte a que juntos creáramos “Crónicas de Fátima”, proyecto sin el cual yo no me encontraría actualmente escribiendo cómics para Editorial Momentum, preparando enormes planes, y permitiéndome, sobretodo, desarrollarme en un medio que amo con loca pasión, y en el que pocos podemos presumir, vivir de ello.

Gracias tocayo por este legado, gracias por hacer de un concepto tan burdo algo tan enorme y profundo capaz de revelar las grietas que existen en la psique de las sociedades modernas; gracias por no avergonzarte nunca de tu creación, sino todo lo contrario, involucrarte activamente hasta el final en hacerla aún más conocida. Gracias por indirecta, y muy directamente al mismo tiempo, sembrar el árbol cuyo cobijo me permitió encontrar algo a lo que quiero dedicarme toda la vida.

Me da gusto saber que te fuiste en paz, escuchando música y sosteniendo las manos de tu hija y de tu esposa.

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