Artículos, Cine — March 24, 2013 at 1:30 pm

¿Ver o no ver “Nosotros los nobles”? He ahí la cuestión.

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Por Dr. Jabberwocky.

Hablar del cine mexicano actual es en veces tan difícil como hablar de política o religión cuando no debería serlo. Pareciera que estamos programados o predispuestos a abuchear un filme tan pronto vemos el tráiler o el póster, ¿pues qué tan mala experiencia hemos tenido para desdeñarlo de esa forma? Cada quien habla como le ha ido en la feria y a mí en contadas ocasiones me ha ido como al Barςa en un partido amistoso contra cualquier otro equipillo.

¡Pero por la máscara del Santo! ¿Qué tan difícil es hacer buen cine? Pregunta colmilluda ¿eh? Por triste que parezca hemos de resignarnos a que el cine mexicano no pase de comedias románticas y dramas históricos cuyas estructuras narrativas son eternamente repetitivas. Pero el cine mexicano mismo ya ha aceptado su condición tercermundista ¿por qué nosotros no? ¿A qué aspiramos? ¿Qué clase de cine haríamos nosotros si tuviésemos los recursos? Quizá terminaríamos haciendo lo mismo y les diré porqué en los próximos párrafos.

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Nosotros los nobles es la más reciente producción del joven director Gary Alazraki. En pocas palabras es una comedia simple que funciona por no ser pretenciosa. Opuesto a lo que pensaríamos, trata de clavarle bien las garras a la sociedad mexicana desde un ángulo cómico que juega con estereotipos de la clase social más ignorante: los ricos, aunque no sin altibajos.

La historia gira en torno a Germán Noble (Gonzalo Vega), un magnate mexicano que ha caído en cuenta del cinismo y mediocridad de sus tres hijos, el ‘mirrey’, Javi (Luis Gerardo Méndez); la niña bien, Barbie (Karla Souza); y el hipster, Charlie (Juan Pablo Gil). Para darles una ‘lección’ de humildad, el empresario decide montar un show para hacer creer a sus hijos que se han quedado en la calle y para sobrevivir deberán encontrar empleo.

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Con un guión bastante simple y unos diálogos ocurrentes es imposible no reír a carcajadas al volverse cómplice de sus desgraciadas peripecias. La forma de interpretar estos estereotipos tan vigentes no podía caer mejor que como gancho al hígado de nuestra realidad y si bien la cinta no desea profundizar en las ‘vicisitudes’ de ser nini, la herida se hace visible en lo tocante al tema.

Gary Alazraki ha dicho en distintas entrevistas que su propuesta es una parodia directa de nuestra realidad más cercana y aún cuando no planea dar lecciones a nadie, termina por tener un subtexto bastante crítico hacia la clase acomodada de este país con respecto a su apreciación de los estratos socioeconómicos más bajos así como de las decisiones tan erróneas que muchos padres toman sobre la vida que quieren dar a sus hijos, las cuales están influidas por las carencias que ellos padecieron de jóvenes.

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Ahora bien, regresemos al punto original. Está bien que seamos cinéfilos empedernidos, ¿que quizá preferiríamos ver algo más profundo de acuerdo al contexto de nuestro país o explotar un género cinematográfico creativamente? Eso es innegable. Pero no es para ponerse de moños y despreciar una película sólo porque la industria mexicana ofrece usualmente basura, o me dirán que jamás han visto malísimos blockbusters y carecen de todo placer culposo por algún bodrio hollywoodense.

El cineasta mexicano promedio ya ha aceptado que la industria fabrica productos tercermundistas para una mayoría demandante. Mas ojo, tercermundista no quiere decir necesariamente ‘de mala factura’ y queda demostrado en Nosotros los nobles. Si nos dejamos llevar por la opinión común de que si es mexicana es ‘chafa’ no hacemos sino encajar en el mismo estereotipo al cual criticamos y peor aún, así como la familia Noble, sacamos el cobre. Nos encerramos en el clásico estereotipo del malinchista intolerante, del ‘jodido’ y exacerbamos ese complejo de inferioridad tan típico de ‘Nosotros los mexicanos’.

Los Nobles a la calle

Sin embargo hay algo que si lo pensamos sospechosamente puede ser engañoso, sobre todo hacia el final de la película, el cual lejos de ser innovador cae en el cliché y que está relacionado ligeramente con la vida del director.  “Expongo algunos puntos de mi propia familia, yo era como ellos… Con este guión me burlo de mí, mis hermanos y mi familia”, ha comentado el director para el periódico La Crónica. Por si no sabían, Gary Alazraki es nieto del director de cine Benito Alazraki, responsable de Santo contra los zombis (1961), entre muchas otras más.

Así mismo, es hijo de Carlos Alazraki, uno de los publicistas más renombrados del país y sobrino de Valentina Alazraki, la corresponsal de Televisa en El Vaticano. Sin duda su familia está bien posicionada y aunado a esto, estudió cine en la University of Southern California en L.A., sí, allí mismo donde acudieron George Lucas y Robert Zemeckis, entre muchos más.

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Lo saco a relucir por una relación con el final de la película, en el cual pensaríamos, las pretensiones frívolas de los hermanos han dejado de existir. Mas al poner atención en los detalles caemos en cuenta que no ha sido así, no del todo al menos y se intuye que el final no alcanza a cuajar pues el director (y además guionista), basado en su propia experiencia, no tiene idea de qué es en verdad pertenecer a la clase trabajadora, por lo cual la acabó como según sus propias experiencias tendría que haberlo hecho.

Pese a intentar emular la fórmula de El gran calavera (1949) de Luis Buñuel o Al son de la marimba (1940) de Juan Bustillo Oro, así como a hacer referencia a Nosotros los pobres (1948), la cinta de Alazraki  termina como una sombra que aunque bastante divertida y con personajes hilarantes, no alcanza a posicionarse como un filme mexicano suficientemente sobresaliente. Al darnos cuenta que el filme funciona sólo como entretenimiento se devalúa todo su potencial cultural.

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Pero así es la industria cinematográfica nacional ¿no? En ella sólo ciertos géneros como la comedia simple y carente de ambición funcionan. Esto denota cómo el tercermundismo creativo no implica mala factura, sino conformismo de creativos y espectadores frente a la actualidad. Necesitamos experimentar cosas diferentes. Ellos (los realizadores) la sencillez y la carencia y nosotros… nosotros la simplicidad crítica de vez en cuando. ¿Ver o no ver “Nosotros los nobles”? Háganse un favor, véanla y disfrútenla, para eso también es el cine, aún si es mexicano.

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One Comment

  1. Hablas como si Gerardo Naranjo o Amat Escalante no existieran. El cine mexicano tiene calidad (que claramente no se encuentra en este filme).

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