La manera correcta de hacer un análisis sobre ‘El gabinete de curiosidades de Guillermo del Toro‘ debe ser algo más a detalle sencillamente por su formato. Desde su anuncio hace tiempo era conocido que su configuración sería de una serie antológica donde Guillermo del Toro hace de productor a la vez de presentador. Una estructura que nos recuerda a Alfred Hitchcock en su clásico ‘Alfred Hitchcock Presents‘, o ‘La Dimensión Desconocida’, solo por mencionar algunos ejemplos.

Así que estamos ante un colección de cortometrajes donde cada episodio -de una hora de duración cada uno- nos adentra a una narrativa donde el terror juega el papel principal -pero que a la vez la dirección corre a cargo de distintas personas de renombre en el medio con su propia visión, narrativa, y estética-. Así que, estrenados todos los episodios, podemos analizar una a una de las historias que conforman esta serie:

‘Lote 36’ por Guillermo Navarro

Nick, un hombre veterano de guerra, y cierta actitud xenófoba, compra en una subasta el Lote 36 de un bodega de depósito después de que su anterior dueño falleciera. Lleno de deudas Nick, busca vender lo más rápido posible los objetos que encuentra dentro del almacén. Cuando encuentra una mesa de espiritismo y una colección de libros de invocación creé que ha dado con una fuente de dinero segura pero, su falta de respeto hacia muchas indicaciones y advertencias que le han le llevarán a encarar lo inimaginable.

Basado en un cuento original por Guillermo del Toro. Este primer capítulo es una agradable experiencia y que mejor saber provechar su tiempo en pantalla. Aunque busca presentar un trasfondo con ideas que pueden ser redundantes a la trama principal, dichos elementos no cierran del todo, dejando cabos sueltos los cuales pueden dejar una sensación de no ser una historia redonda, pese a que todo añade de manera útil a que el personaje principal no sea una caricatura racista que podríamos imaginar que pudo llegar a ser.

‘Ratas de cementerio’ por Vincenzo Natali

El cuidador de un cementerio tiene un segundo trabajo como saqueador de tumbas, sin embargo se ha encontrado con una deuda enorme que bajo amenaza debe liquidar pronto debido a que una plaga de ratas se roban, no solo las posesiones más valiosas de los difuntos, sino todo los cadáveres que se entierran. Desesperado el cuidador decide que su mejor opción será adentrarse en los túneles de las ratas para buscar el que podría ser el cadáver que podría sacarlo de todos sus problemas.

Apoyándose en un cuento corto de Henry Kuttner, este capítulo nos da un cambio de ambientación al situarse en un época de finales del siglo del 1800. Todo el diseño de producción resalta a la vista con los vestuarios y locaciones. Llegada la parte de los túneles aprovecha muy bien las tomas cerradas y el miedo que provoca una situación tan agobiante como podría ser el estar bajo metros de tierra en lugares tan reducidos. No recomendado para personas que sufran de claustrofobia o musofobia.

‘La autopsia’ por David Prior

Después de que un minero de nombre Joe Allen provocara una explosión que matara a varios de sus compañeros, el alguacil Nate Craven le pide a su amigo, el Dr. Carl Winters, que llegue al pueblo para realizar una autopsia a los cuerpos para determinar si lo ocurrido fue un accidente o fue deliberado. Lo que el Dr. Winters no espera es que la macabra razón misma detrás de lo ocurrido puede atentar contra su vida y del resto de la humanidad.

La primera media hora es increíble. A pesar de que abre con una escena clara de lo que pasó, no esclarece el misterio detrás, haciendo que uno como espectador vaya uniendo una a una las pistas que el protagonista va descubriendo para intentar entender qué pasó con estos cuerpos. El problema viene al momento de la revelación, que para la historia está genial, pero lo que estamos viendo en pantalla son dos personajes hablando y explicando todo. Cierra ‘bien’, pero pareciera que no les rindió el tiempo.

‘Por fuera’ por Haley Z. Boston

Stacey es una mujer casada con gusto por la taxidermia la cual aparentemente se siente excluida socialmente por sus compañeras de trabajo a lo que ella misma atribuye a su poco atractivo físico. Todo cambia el día que una de sus compañeras le regala la crema ‘Alo Glo’, una de las más caras y prestigiosas cremas que hay en el mercado, que aunque al usarla a Stacey le provoca urticaria, es el presentador del comercial de la crema quien le habla a través de la pantalla de televisión para instarla a que la siga usando.

El tema de la ‘belleza interior vs belleza exterior’ y los horrores a los que se pueden llegar a cometer en nombre de la apariencia es un tema original que resalta del resto. Sin embargo, en un contraste que parece irónico con respecto al anterior episodio, aquí no se puede más que sentir que le sobra muchísimo tiempo. Llega un punto en el que se puede adivinar hacia donde jalará la trama, que, para cuando llega a la conclusión. no se termina y solo sigue, y sigue, y sigue, sin contar nada nuevo, ni acabar.

‘Modelo’ por Lee Patterson

Will, un estudiante de arte, conoce a un recién llegado a su clase, Richard Pickman, quien tiene un estilo único para pintar imágenes horribles y aberrantes. Entre más del trabajo de Pickman va conociendo Will este comienza a tener pesadillas y visiones que le provocan sentir que pierde la noción de la realidad. Años más tarde, Will se ha vuelto un curador de un museo, y Pickman -convertido en un autor de renombre- regresa listo para montar una exposición en el museo y mostrarle a Will su más reciente trabajo.

Basado en un cuento de H.P. Lovecraft, tiene los elementos propios del mismo como la locura y miedo que algo te puede provocar solo por haberlo visto. Pero, como toda adaptación de dichos cuentos, sufre al mostrarlo en pantalla, pues no parece tan aterrador como los personajes intentar dar a entender. Un buen ejemplo de ello es la escena final donde cuentan lo que ocurrió sin mostrarlo, pero la tensión en escena sigue, como apostando que al enseñarlo fuese a impactarte más, cosa que no ocurre.

‘Sueños en la casa de las brujas’ por Mika Watkins

Luego de presenciar durante su infancia el fallecimiento de su hermana y de cómo su alma fuese arrastrada al Bosque de las almas perdidas, Walter Gilman, se encuentra en su vida adulta obsesionado con la idea de contactarla en el otro mundo.

A gusto personal considero este el peor episodio de la serie no importando que nuevamente estamos ante una adaptación de un cuento corto de Lovecraft , o que el protagonista sea el mismísimo ‘Ron de Harry Potter‘. Es una historia plana, con efectos especiales que se ven mal, y con un prota detestable motivado por un deseo egoísta, decisiones tontas, y sin fundamento. De principio a fin no se puede más que poner los ojos en blanco del hartazgo del algo que parece más un episodio de “Escalofríos“.

‘La inspección’ por Panos Cosmatos

Una científica, un músico, un psíquico, y un escritor son invitados por un millonario ermitaño a visitar su lujosa mansión e inspeccionar un objeto misterioso que le pertenece. No sin antes recibirles con toda clase de lujos y drogas para que todos estén en la “misma sintonía”.

Para las personas que no estén familiarizadas con el trabajo del director, este les puede parecer el episodio más absurdo de todos. Y para quienes conocemos su trabajo… también. Cosmatos se caracteriza por un estilo visual muy particular, cargado de luces, música de sintetizador, y psicodelia por doquier. Sí, todo eso está incluido y se luce, pero ni así se justifica que durante 45 minutos no ocurre absolutamente nada, volviéndolo el cuento más inconcluso de todos. Sus peores vicios, pero trabajo de Panos Cosmatos al fin y al cabo.

‘El murmullo’ por Jennifer Kent

Nancy y Edgar Bradley son una pareja de ornitólogos que estudian las murmuraciones de las aves. Motivados por su trabajo, pero sobre todo por la reciente pérdida que sufrieron de su hija Ava, deciden emprender un viaje a una casa en medio de una isla para continuar con sus estudios. Sin embargo, en dicha casa en la que se hospedan Nancy comenzará a ver y escuchar presencias fantasmales.

Una historia original por Guillermo del Toro, es filmada por la directora de ‘The Babadook’, y como resultado tener un episodio que desentona por completo del resto. Esto es un drama muy bello y profundo. No tiene muchos diálogos, pero los que hay son en su mayoría entre esta pareja expresando su profundo dolor. Es una nota más nostálgica para cerrar la serie y donde el elemento de los fantasmas incluso se podría decir que “sobra”. No es malo, pero se siente fuera de lugar.

La serie en lo general se vuelve una colección de variada calidad. La duración forzada de una hora es algo que afecta a casi todas las historias dado que muchas abren con lo mejor y confirme avanzan se van cayendo. Al parecer Guillermo del Toro seleccionó a cada director, pero fuera de ello no se percibe que exista alguna curaduría del material. Como en toda serie antológica, tiene sus joyitas, aunque esto provoca que el gusto que nos haya dado un episodio sencillamente no vuelva ni se repita en el siguiente por su inconsistencia.

La repetición de los mismos elementos entre las historias, cómo el personaje que tiene deudas, las ratas, las decapitaciones, terror lovecraftiano, la protagonista con problemas emocionales… da una sensación de estancamiento. Sin mencionar que todas ocurren en Estados Unidos, lo que resulta una lástima, considerando que la dirección corre a cargo de personas de distintas nacionalidades que pudieron aportar un bagaje cultural a cada trama, pero se desaprovecha la oportunidad.

Es agradable ver la carrera de Guillermo del Toro muy consolidada y llevando a cabo proyectos como este que le quedan como anillo al dedo. Gran ventaja que su formato permita poder seleccionar y desmenuzar lo mejor de la misma y quedarse con lo bueno. Sería interesante ver si habrá una segunda temporada donde puedan pulirse varios de los detalles que limitan el potencial de una colección con el nombre de “Del Toro” en el título. De momento esta miniserie se agradece por ser más material del autor en Netflix.

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