Las Brujas, la nueva adaptación de la obra homónima de Roald Dahl ha sufrido de una tibia recepción, objeto de extravagantes polémicas y un añadido más para la racha de malas películas de Robert Zemmeckis.

No siempre resulta fácil entender quién o qué tiene mayor peso en las películas “triple A” —entiéndase, las de grandes productoras— al momento de gestionarlas.

Desde luego el dinero siempre es la mayor fuerza motora, pero más allá de eso hay un axioma, una premisa que trasciende todas aquellas aristas que conforman el complejo armado de una pieza del séptimo arte y que nosotros como espectadores solo nos damos cuenta cuando una película nos llega de verdad.

No puedo decir que eso último haya sido el caso con Las Brujas (2020), ni con su versión de 1983. Pero en mi búsqueda por esa quid, lo único que pude encontrar fue una confusión, un barullo que fue producto de tantos, tantísimos grandes talentos aportando algo de ellos de forma conjunta pero logrando poco.

Por un lado está Guillermo del Toro produciendo —y adaptando—, Alan Silvestri componiendo la banda sonora, Anne Hathaway antagonizando, Robert Zemmeckis dirigiendo y la magistral pluma de Roald Dahl narrando con la misma confianza y seguridad de siempre… Pero todos estos talentos, sencillamente no cuajaron.

Fue una película que se sintió ajena, distante; como si agonizara por cada centímetro de luz que hubo que recorrer entre el proyector hasta la pantalla y solo dejara sus estertores para el público…

Las Brujas: no existe película tan mala, que no posea algo bueno

El primer acto de ésta nueva versión de Las Brujas es lo más defendible. Toma su tiempo en arrancar y es reiterativo, pero nos muestra una linda relación entre el protagonista (Jahzir Kadeem Bruno) y su abuelita (Octavia Spencer).

Como suele ocurrir con los cuentos y novelas de Dahl, una tragedia es la que inicia la obra: nuestro protagonista pierde a sus padres en un accidente y queda en las manos de su único familiar vivo. Comenzando su relación como dos extraños quienes gradualmente se vuelven cercanos el uno al otro.

Zemmeckis nos enseña su diario vivir; de manera precipitada y con una intrusiva composición musical que acelera el ritmo de estas secuencias para poder llegar al nudo, pero aún así palpable.

Las habilidades actorales de Kadeem Bruno son muy tiernas y exagera sus diálogos en repetidas ocasiones, es gracias a Octavia Spencer que se salva el día, pues ella reacciona con gran precisión: la suficiente como para que sus secuencias mantengan un cierto margen de verosimilitud. No es exagerar decir que sin ese elemento la película habría sido otra.

Por todo lo anterior mencionado creí que presenciaría una buena película con tolerables detalles soslayables. Sin embargo ésta creencia no pude mantenerla por mucho tiempo, pues es notorio el declive en calidad a partir del segundo acto, en donde noté una inercia en la historia, que se estiraba con la más intransigente abulia y que acrecentaba en el público el más frío de los desintereses.

¿Y la tensión ‘apa?

Quizás la aparición de Anne Hathaway como la “Gran Bruja” es lo que más llama la atención al ver el avance. Resulta divertido pensar que una actriz quien se especializaba en hacer niñas buenas durante sus años mozos, experimente ahora con ser una bruja, monstruosa y amargada.

Pero lo cierto es que sirve de poco cuando en el guion carece de tensión dramática, suspenso y emoción por saber si los héroes lograrán su propósito.+

Esto se debe a dos factores:

1.- No terminamos de conocer bien a los héroes
2.- La historia apenas y tiene conflicto.

La cámara hace top shots que enfatizan lo difícil que es trasladarse en un hotel siendo un pequeño roedor, y la música de Silvestri intenta ser lo más grandilocuente posible… Pero sigue siendo demasiado fácil.

Las Brujas

No hay emoción en ver como modelos de CGI (de poca calidad) se desplazan por sets que tienen más atractivo que ellos. Cada nudo que aparece tiene una resolución inmediata y gratuita: algo que ninguna historia puede permitirse.

Al final, el desenlace es atípico y surrealista. Se siente escabroso (en el mal sentido) y es de una naturaleza más digna de un especial de noche de brujas de Los Simpson; cayendo así en un involuntario humor negro que erosiona toda inocencia que como historia infantil pudiera ostentar.

No quiero concluir esta nota diciendo que ha sido el peor crímen que llegué a ver en este 2020: Artemis Fowl y el remake de Lady and the Tramp —los dos de Disney— llevan la delantera.

Hagas lo que hagas no le des tu dinero a ésta cosa.

Pero sí quiero recomendar, a quien lea este artículo, que en vez de ir al cine y gastar $120 pesos en un boleto, por una película que lo dejará indiferente o confundido; mejor se quede en casa viendo alguna otra propuesta audiovisual.

Quizás Jim & el Durazno Gigante, Matilda, El Gran Amigo Gigante, El Fantástico Señor Zorro. Todas ellas películas que guardan algo de ese encanto que es fugitivo de estos meses tan des-inspirados.

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