Las hermanas monarcas de Arendelle están de regreso con una secuela que nadie pidió, pero que tampoco sabíamos que necesitábamos. Su regreso ha reavivado el eterno odio a la franquicia iniciado en 2013 con el estreno de la primera película. Pero ¿por qué la gente odia la franquicia Frozen?

Razones para que Frozen sea odiada sobran para el público adulto ─porque está claro que para los niños, el target principal de la película, es perfecta y a las pruebas me remito─, no es sólo que hayamos escuchado “Let it go” prácticamente en cada paso que dábamos por cualquier lugar ni que existieran versiones tan variadas de la misma que hasta llegó en forma de cumbión. Sí, tuvimos una intoxicación de “Libre soy”. También podemos decir mucho de lo molesta que fue “Do you want to build a snowman?” que volvió loco a más de un adulto con niño en casa. Cosa muy curiosa es que en la segunda entrega no tenemos una canción que sirva como su reemplazo y no sé si agradecer o lamentar.

Olaf y Sven fracasaron como los complementos graciosos de la franquicia. Olaf es un personaje completamente molesto se vea por donde se vea. Sven, bueno, con él quisieron repetir la fórmula de Maximus en Tangled, pero no funcionó de la forma esperada, pues el reno era más bien hosco y poco carismático. En la secuela, Olaf sigue siendo un personaje molesto, pero ahora tiene dudas filosóficas y ha madurado… bueno, a su modo. Y Sven… Sven sigue siendo un reno hosco, pero también mejoró su actitud, supongo que gracias a la madurez que intentaron imprimir en la película. Ahora que hablamos de Olaf, permítanme recordarles el corto previo a Coco que tuvieron que quitar de las salas de cine porque nadie (obviamente me refiero a adultos) quería verlo. Aunque debo admitir que sí es un poco molesto, pero tampoco era para tanto ¿o sí?

Hablando de cortos, Frozen fever también fue terriblemente criticado —por adultos ¿por quiénes si no?— por mostrar a una Elsa “borracha y/o drogada” en un corto infantil. ¿En serio ustedes no se ven así cuando están enfermos de gripe y su médico los enchocha para que mejoren? ¿En serio?

La fantasiosa y, según algunos adultos, inverosímil historia que nos cuenta la película (hablo sólo de la primera). Que si el reino, que quién gobernaría Arendelle, que no podía culpar a Elsa de alta traición, que si Anna no podía/debía dejar a cargo a Hans, que dónde estuvo la reina los años que sus padres no estuvieron… vaya que querían encontrarle el hilo negro a todo. Es una película para niños y no hay guiones perfectos.

Los poderes de Elsa también fueron motivo de crítica porque no se explicó, en un principio, de dónde los obtuvo. Como si alguien se hubiese preocupado por si Scar se llamaba así desde antes de hacerse la cicatriz del ojo…

Sin embargo, el motivo por el que más odian Frozen es porque lo vemos hasta en la sopa, literalmente. El merchandising de la franquicia nos ha inundado y bombardeado como ha querido y como ha podido. Muñecas, peluches, figuras coleccionables, revistas, libros, cortos, disfraces, discos de música, ropa con la cara de Anna, Elsa, Olaf estampada, sopa con forma del escudo de armas de Arendelle… vaya, hasta calzones nos dieron. Después de 6 años, la gente se cansa un poco de ver tanta cosa.

Por último, no hicieron que Elsa fuera lesbiana. Muchos colectivos feministas pedían a gritos una princesa que no dependiera de un hombre (Mulan, Rapunzel y Merida fueron ignoradas olímpicamente) para demostrar que son fuertes; cuando la tuvieron, decidieron exigir que Elsa debía tener una novia ¿por qué? Porque es necesaria una princesa lesbiana y nadie mejor que la fuerte e independiente Elsa. Pero ¿realmente Elsa necesitaba una novia? La respuesta la encuentras aquí.

Pero también hay motivos para amar Frozen:

La espectacular animación con la que ambos largometrajes nos han deleitado.

La banda sonora (ignorando las canciones con letra) es bastante buena y ameniza muy bien lo proyectado en pantalla.

Los mensajes que dejan ambas películas —el amor fraternal lo puede todo y que hay que hacer lo correcto aunque no sea lo que uno quiera— son mensajes poderosos que todos deberíamos tener en la cabeza todos los días, principalmente el segundo.

Por último, no hicieron que Elsa fuera lesbiana.

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