Querido Harry Potter:

Cuando te conocí, nunca imaginé cuánto cambiarías mi vida y la de tantísimas personas alrededor del mundo, muchas veces para bien.

Tu madre no se equivocaba cuando escribió, allá por 1997, que no habría nadie en el mundo que no conociera tu nombre, que no supiera qué hiciste o por qué eres famoso. ¿Lo sabría cuando escribía esas líneas o sólo fue un sueño que se volvió realidad tan sólo 4 años después? Tal vez nunca lo sabremos, pero henos aquí, a 20 años del estreno de tu primera película, hablando de ti.

Si pudiera, te contaría todas las historias en las que ocupas un lugar especial en el corazón, en los logros, en las bibliotecas y en la memoria de todas las personas que te conocen y con las que he tenido el agrado de coincidir.

Si supieras cuántas personas encontraron al amor de su vida en algún lugar relacionado contigo; cuántas amistades han florecido a partir de debatir tu historia ‒yo tengo una mejor amiga gracias a ti‒, y la cantidad de vidas que has salvado, empezando por la de Evanna Lynch, quien superó la anorexia para formar parte de tu universo.

Harry Potter, el niño que vivió

En esta época, la rapidez con la que las cosas cambian y se olvidan se ha vuelto parte de la vida, del día a día: hoy todo el mundo habla de ti; mañana hay una nueva tendencia y nadie recuerda lo que ayer estaba de moda. Pero tú, con tu historia, has logrado mantenerte vigente por al menos 20 años. ¿Cuánto tiempo más te mantendrás en la memoria de millones? Sólo el tiempo lo dirá, pero una cosa es segura, hoy ya eres inmortal.

Muchos de los niños que entraron ilusionados a la sala de cine a ver la primera de tus películas hoy son padres y llevan, con la misma ilusión, a sus pequeños hijos al cine para ver el reestreno y contarles cómo la magia de un personaje (tu magia) y el mundo que lo rodea, les cambió la vida.

Parece absurda la idea de agradecerle y escribirle una carta a un personaje ficticio que jamás podrá leerla; una mejor idea sería escribirle a tu madre que, con un poquito de suerte, leería lo que tengo que decirle, quizá a nombre de más de un potterhead, y, con otro poco de suerte, me respondería con una carta genérica diciendo que para ella es un honor haber hecho de mi infancia un lugar feliz. Pero ¿fue realmente ella quien me dio una infancia feliz? Hoy puedo decir que no.

¡Claro!, ‘Harry Potter’ nació de su pluma, de sus ideas, de su corazón, pero no es con ella con quien me identifico, no es su historia la que leo cada vez que, por Navidad, abro los libros para releerlos o la que veo cada vez que saco los DVD para hacer una maratón de tus películas.

Fue contigo, con el personaje ficticio, con quien compartí infancia y adolescencia, los embates de la soledad y el descubrimiento de amigos de verdad.

Harry y sus amigos

Muchas veces he dicho, con justa razón, que no eres, ni de cerca, el mejor personaje de la saga, pero siempre diré que eres muy real: tu historia gira en torno a tu infancia y adolescencia, las etapas en las que cualquier ser humano es más cambiante y voluble. Sí, tú eras yo cuando tenía 13 años y yo era tú cuando tenías 15.

Si pudiera, volvería en el tiempo a aquella vez que crucé las puertas del cine para entrar, junto a ti, por primera vez a Hogwarts; sin embargo, aún nadie ha inventado una máquina del tiempo para poder hacerlo, así que debo conformarme con emocionarme, casi hasta las lágrimas, cada vez que vuelvo a ver el primer plano del castillo en una película. Gracias, Harry Potter, por regalarnos una buena infancia.

¡Felices primeros 20 años y que sean muchos más!

Nox!

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