DR. JABBERWOCKY |

Ahí donde los dramas juveniles encontraron la decadencia televisiva, el cine ha triunfado al acogerlos, claro, sus méritos han sido meramente económicos. Recuerdo que en los 90 y durante buena parte de los 2000, las pantallas domésticas nos bombardeaban con series de televisión donde los “caguengues” protagonistas de clase acomodada (en ese entonces yo también era un “caguengue”) exhibían lo difícil que era ser rico, atractivo y estar inmerso en un triángulo amoroso con la popular, el pobre y el atleta.

El recorrido comienza con Saved by the Bell y Beverly Hills 90210, pasa por Felicity y Dawson’s Creek, y culmina con las desaparecidas The O.C. y Gossip Girl, ambas del productor Josh Schwartz, con quien se vio el declive de la tendencia. Ello no sólo se lo debemos a la idiotez de las tramas o a la madurez de los televidentes, pues fueron J.K. Rowling y Joss Whedon quienes se encargaron de tirar por la borda los estereotipos propuestos por la narrativa audiovisual juvenil en esa época.

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Así, cuando Harry Potter creció, con él llegó una generación de galanes y damas en apuros herederos de esa obsoleta tendencia televisiva que encontró su mejor soporte en la literatura y su ascenso gracias a su rentabilidad a través del cine de masas. Ver pubertas calenturientas llorando por el destino del vampiro wannabe, Edward Cullen, fue una época odiosa, por supuesto, pero pautó lo que un buen segmento del mercado quería ver.

Es necesario apreciar esta breve historia para poder hablar de por qué The Maze Runner destaca entre los filmes del montón que han seguido la tendencia narrativa descrita arriba, pues, sin más, su debut sobrepasó toda expectativa. No he leído los libros pero al comentar el resultado del filme con alguien que sí, sólo escuché elogios hacia la adaptación de la obra de James Dashner, la cual fue publicada en 2009.

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La cinta nos conduce a través de pasadizos cambiantes, enigmas, escenas angustiosas e incluso, aporta un poco de esa claustrofobia old-school tan ausente en el cine de ciencia ficción actual. Mientras Stephanie Meyer erró al interpretar el camino labrado por Rowling, Whedon -y claro, también por Stephen King desde Carrie– al incluir contextos y mitos del género fantástico al drama adolescente, Dashner parece haber salido victorioso, o al menos eso parece haber logrado en esta adaptación escrita por Noah Oppenheim y dirigida por Wes Ball.

En esta primera entrega, agradecí infinitamente la falta de tensión sexual entre los personajes, pues si bien tolero la que hay en Hunger Games -ni empiecen, Jennifer Lawrence es una reina-, en general todas las subtramas de este tipo han quedado ya superadas debido al desgaste. El ver a Dylan O’Brien interpretar a un viril joven (Thomas) alejado del evidente encanto de la única fémina del film y enfocado en salir del laberinto con todo el ímpetu de Huckleberry Finn, fue por demás un gran alivio.

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Su trasfondo crítico logra incorporarse como una subtrama que evidentemente será vital para las secuelas, tal como ocurrió en las primeras dos cintas de Hunger Games o hacia el final de Ender’s Game. No se trata sólo de un grupo de jóvenes atrapados en el centro de un laberinto intentando hallar la salida, pues la narración trasciende hasta volverse una parábola social que propone dos opciones: uno puede voltear al otro lado y hacer de su libertad su esclavitud; o puede luchar por su libertad tan sólo para hallar un camino espinado y sin final en el horizonte.

En The Maze Runner vemos el origen de la conformación de los grupos sociales, el cual a través del instinto gregario les lleva a organizar una tribu donde ciertas normas, rituales y prohibiciones se hallan a flor de piel; además de ello, se detallan los juegos de poder que la sociedad y las autoridades aplican a los miembros de una organización social en orden de controlarlos mediante estereotipos, códigos, leyes incuestionables e implacable terror, de los cuales, pese a la emancipación de dichos miembros traducida en parábola de crecimiento y madurez, expulsarse a sí mismo de la sociedad queda en un ideal sin cabida para la autorealización total.

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En este punto de la trama se deja ver a la perfección cómo es que la sociedad impone roles y se vale de ellos para llevar a cabo la agenda de quienes detentan el poder, donde, tras penetrar capas y capas de secretos, nos intentan mostrar, mediante simulaciones, quiénes son los jugadores y quiénes son las piezas de ajedrez, algo inherente a la literatura de George R.R. Martin, pero que a la vez nos remite a autores clave de la ciencia ficción como Aldous Huxley, George Orwell, Ray Bradbury, William Golding y Orson Scott-Card.

El filme de Ball no sólo está lleno de impresionantes efectos especiales en un laberinto -aunque ya de por sí la idea suena genial-, también recrea los niveles de la manipulación política. Nos da una visión del fascismo y el corporativismo recalcitrante que hoy usa a los individuos como carne de cañón, el cual, de ninguna manera tiene el realismo propio de Rojo Amanecer de Jorge Fons, pero que poco a poco, hace parecer como si la industria cinematográfica hollywoodense nos estuviera preparando para apreciar una masacre de tal magnitud.

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Es de notarse que The Maze Runner -y otras como la ya mencionada Hunger Games– se gana al público no sólo por su producción, sus efectos o el carisma de sus actores -el cual aquí pasa casi desapercibido-, sino por la forma en que aborda la distopía para las generaciones más jóvenes, lo cual logra con éxito pese a carecer de originalidad o innovación en sus recursos visuales, o su ausente sofisticación narrativa tan característica en los relatos del género y la creciente familiaridad con que vemos cintas de temática similar, las cuales podrían aburrirnos o perder su impacto social.

Ello hace inevitable que nos preguntemos qué tan lejos nos encontramos de la distopía, pues, si estas cintas están representando las inquietudes de una generación de espectadores es porque quizá la ficción no está tan alejada de la realidad social y su coyuntura; sin embargo, hay un hecho a todas luces del cual hemos de estar agradecidos, y es que la superficialidad de los clásicos dramas adolescentes es cosa del pasado, lo cual merece una gran ovación.


Título original: The Maze Runner
País: EUA
Año: 2014
Género: Acción| Aventuras | Sci-Fi
Duración: 123 min.
Dirección: Wes Ball
Guión: James Dashner, Grant Pierce Myers, T.S. Nowlin y Noah Oppenheim.
Música: John Paesano
Fotografía: Enrique Chediak
Producción: 20th Century Fox, Gotham Group
Reparto: Dylan O’Brien, Thomas Brodie-Sangster, Kaya Scodelario, Will Poulter, Ki Hong Lee

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Crítico. Cínico. Excéntrico. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM y editor de 'El Vortex'; devorador de cultura y cazador de sensaciones. Lo único que amo más en el mundo además de ver y oír, es escribir. Soy fanático from hell de la ciencia ficción, el horror, la comedia romántica, los super héroes y las secuencias de acción. Mi mente está hecha de salchicha con mucho chocolate, mermelada, imágenes en blanco y negro y grandes dosis de espías, Lovecraft, Buffy the Vampire Slayer y Doctor Who.