Anon es una nueva película exclusiva de la plataforma de Netflix –al menos en Latinoamérica– que responde puntualmente la pregunta: “¿Cuándo es una cinta suficientemente mediocre para no llegar a exhibirse en cines?“.

Y es que si bien en antaño la expresión “Directo al VHS” significaba que una producción no era merecedora de más público del que pudiera obtener gracias a algunos incautos que la encontraran de remate en algún VideoCentro….

-Chiste hyper retro-

… gracias a la aparente –y cantada por muchos– futura extinción de los formatos físicos, al parecer las plataformas digitales han renombrado así –Película exclusiva de [inserte nombre servicio de streaming]– a todo aquello que las personas responsables (productores de Hollywood principalmente) no ven con el potencial suficiente, ya no se diga de obtener un premio, sino de meramente recuperar su inversión en taquilla. Pero vayamos con el caso específico de Anon:

5. Esto ya se ha visto antes

Anon, para ser una cinta dirigida por alguien como Andrew Niccol [Gattaca, Good Kill] simplemente no puede alejarse de una de las series precisamente más populares de la plataforma donde se exhibe: Black Mirror.

Y no me dejarán mentir, quienes hayan visto esta (también británica) adaptación de los potenciales de la tecnología para contar historias obscuras, no podrán sino comparar cada concepto y sentir que fue abordado de mejor manera por la serie; desde las cámaras retinales en cada ser humano, hasta la grabación de recuerdos. El único plus tal vez podría ser elenco, pero…

4. El reparto no hace la película

¡Clive Owen y Amanda Seyfried! ¿Qué podría fallar? Pues que tal hacer que interpreten a personajes de lo más planos.

“¡Y pongámoles es un casco ridículo atado a una cámara”

Tener nombres conocidos -y reconocidos- si bien es una excelente estrategia de marketing, poco o nada favorecen a nadie (incluyéndolos) cuando el peso de sus talentos histriónicos cae en diálogos insulsos, secuencias rebuscadas y peor aún…

3. ¡Chich*s pa la banda!

No me considero en absoluto una persona mojigata o moralina, es solo que el recurso de meter escenas de sexo ligeramente explicito cual película del canal Golden –otro chiste para personas de más de 25 años–, para –al parecer– llenar huecos de trama de manera innecesaria, siempre me ha parecido en todos los sentidos de la palabra: barato.

Narrativamente hablando: no era necesario ver el asesinato de un par de lesbianas mientras tenían relaciones, ni a Amanda Seyfried contemplándose desnuda frente al espejo, ni el que tras hablar pocos minutos con un policía quien intuye que ella es una sociápata asesina, pasemos a una forzadísima secuencia de coito.

Si, a mi también Amanda me parece atractiva, pero por qué pareciera que en la mayoría sus papeles recientes le piden que se desnude.

Es decir, este problema se resume en dos puntos: El guionista no tuvo la sagacidad suficiente para generar una situación menos innecesariamente ‘explicita’; y/o un ejecutivo creyó que esto haría ligeramente más  interesante  vendible la cinta. Pues tampoco olvidemos los…

2. Efectos especiales mal enfocados

La película comienza con un suficientemente llamativo truco visual, pronto descubrimos que a través de los ojos humanos, la gente es capaz de conocer todo lo que tiene enfrente, y hasta la publicidad se ha aprovechado de ello.

Y claro, hasta enterarte de los chismes ajenos aunque esten hablando otro idioma

Este concepto de ser una Wikipedia andante, contrasta con las repentinas inserciones de “la vista del asesino”, en el que la realidad pareciera volverse una suerte de shooter en primer persona.

Y entonces la vida se transforma en Wolfestein 3D

Este salto tan notorio entre calidades de efectos visuales no ayuda a la ya de por si floja narrativa puesto que…

1. La trama es de lo más sosa

Si bien Andrew Niccol es alguien a quien siempre le han llamado la atención los futuros distópicos como en Gattaca o In Time, resulta frustrante que tan buenos conceptos como el uso del tiempo de vida como moneda de cambio o como en Anon donde la humanidad ha alcanzado hasta cierto punto la omnisciencia, terminen meramente como escenografía para contar o bien una historia de Bonnie y Clyde (referencia a In Time, también con Amanda Seyfried), o como en el caso de esta cinta, como un drama detectivesco completamente formulaico y predecible.

Porque claro, quién va a creer que esos ojitos pertenecen a una asesina serial.

Dicho esto, habría valido la pena que Niccol no solo hubiera profundizado más en las ramificaciones sociales de un mundo que –suponemos, pues nunca es aclarado– ha erradicado en gran medida el crimen, la corrupción y todas las barreras lingüísticas. Así como en darle un poco mas de carnita argumental a sus dos personajes principales que al final del día resultan terminantemente antipáticos; y participes de una historia que con un poco más interés en ser verdaderamente impredecible o impactante, habría salvado a esta cinta del triste olvido que le depara como una de las mas inmemorables producciones en Netflix.

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Aunque Jagr y JagrDemon son entes diferentes, la calamidad los ha obligado no solo a compartir el nombre (lo cual no es tan malo pues los hace tocayos), sino también la cuenta de El Vortex. Uno, un friki con aires de todo conocedor de cine, comics y videojuegos; el otro un viajero interdimensional con la boca llena de anécdotas y la sangre de vodka.