Por: Eduardo Ramírez

Los videojuegos son ahora ya parte de la cultura popular y por lo tanto, se tienen que meter al escrutinio de la sociedad ahora más que nunca, en especial después del terrible incidente que ocurrió en la escuela primaria en Newtown, Connecticut en Estados Unidos, donde este medio (y casi todo el entretenimiento en general) fueron blanco nuevamente de una cacería de brujas.

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Todos conocemos la reacción de la NRA al respecto, sabiendo de antemano que las primeras críticas se fueron al control de armas, su vicepresicente Wayne LaPierre viró la conversación hacia los medios de entretenimiento, pero directamente en contra de los videojuegos (nombrando a Grand Theft Auto, Mortal Kombat y el muy oscuro juego hecho en Flash, Kindergarten Killer). Incluso el senador Jay Rockefeller llamó a hacer un estudio sobre los efectos reales de los videojuegos y otros medios sobre los niños, uno que, seguramente como los demás, sólo sirva para usarlo en contra o a favor del medio (el cual será desmentido por otro igual tiempo después).

Ahora, el problema no es ni con el estudio ni con las diferentes campañas que se están haciendo en contra del exceso de violencia en los medios. Lo que es preocupante es que se pierda el punto real del problema y la forzosa búsqueda de un chivo expiatorio. ¿Cuál es el punto real? ¿Las armas de fuego? No, tampoco. Las armas no matan a la gente, es la gente que las usa la que tiene la intención o realiza la acción (además, seamos realistas, hay miles de maneras de que alguien con problemas mentales realice su terrible objetivo sin usar balas). El verdadero problema es la cultura que genera los problemas, los detonantes y las herramientas que en una terrible ecuación da como resultado desastres como el de Connecticut, Columbine y Aurora (en esta ciudad ya han ocurrido dos tiroteos; el más reciente ocurrió el 5 de enero de este año, donde murieron cuatro personas, incluyendo el atacante).

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Por lo tanto, no se deben censurar o prohibir los videojuegos; lo que se debe de hacer es crear conciencia y fomentar la responsabilidad de la sociedad sobre el consumo de contenidos violentos y de armas. De hecho, el país en cuestión tiene métodos de regulación tanto para las armas y para los contenidos que se ven en la TV, el cine, mediante una consola, etcétera. El problema está (entonces) en que no existe una verdadera responsabilidad a la hora de acatarlos o que no están correctamente delimitados. Si la sociedad no asume su propia responsabilidad, no cambiará nada.

La búsqueda de que baje el nivel de violencia en las diversas expresiones culturales y de entretenimiento (que casi es un pleonasmo, pues éstas son un reflejo de lo primero) no es nada malo; al contrario, esto podría significar un cambio en la mentalidad de la sociedad (americana, en este caso) que claro, para que eso ocurra se necesitarán años y generaciones, pero el esfuerzo valdrá la pena.

Lo malo es la cacería de brujas y el hacer actos simbólicos que den un mal ejemplo como lo es el evento de quema/destrucción de videojuegos que se llevará a cabo en Connecticut y sí, en respuesta al tiroteo que ya mencioné anteriormente. El evento fue creado por la organización SouthingtonSOS, agrupación que junta a varios representantes de varias asociaciones de la comunidad de Southington, otro pueblo dentro de Connecticut (como el YMCA, el departamento de bomberos, la cámara de comercio, entre otros.) OJO la catástrofe ocurrió en Newtown, no en Southington.

Pongamos los puntos sobre las “i”s: el evento lleva el nombre de Violent Video Games Return (Reembolso de Videojuegos Violentos), el cual resultó en “búsqueda de hacer algo significativo para Newtown y su propia comunidad”, asegura el superintendente escolar de Southington, Joe Erardi al sitio [Polygon]. El evento también aceptará música, películas y todo aquello que sea considerado violento. Aquellos que participen se les dará un cupón de 25 dólares. El evento también es una respuesta “formal” a la declaración de Max Goldstein, un jovencito de 12 años de Newtown, quien pidió a los niños de ese pueblo que se unieran a él para dejar los juegos violentos pues él ya no quería matar a nadie en un videojuego después de lo del tiroteo. El evento se llevará a cabo este 12 de Enero.

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¿Cuál es el problema? En realidad son muchos. Empezamos con el hecho de señalar tajantemente a un objeto en particular, en este caso los videojuegos. Si yo hubiera organizado el evento y quisiera que éste saliera en un montón de lados ¿a quién le tiro? A algo que está de moda obviamente, pero si se busca hacer algo simbólico y que refuerce la lucha contra la violencia (eso sonó un poco contradictorio pero ustedes entienden) no marco culpables, hago algo más general.

Además ¿por qué la destrucción? ¿Por qué no invitar a hacer algo como lo hizo el niño en Newtown u otras actividades? La quema de una obra creativa en masa es malo, es deslindar responsabilidades y en este caso enfoca y sataniza la obra en cuestión (los videojuegos, que son señalados claramente en el título del “evento”) desviando la atención del verdadero problema, que es la responsabilidad y la regulación de las leyes de control de uso, posesión y venta de armas de fuego.

GTA, Bulletstorm, el "famosisimo" Killergarten Killer y Mortal Kombat
GTA, Bulletstorm, el “famosisimo” Killergarten Killer y Mortal Kombat

¿Por qué nos importa a nosotros aquí en México o en el resto del mundo? Simple, nos hace discutir del tema tan importante que es la violencia (en especial, en este país en donde ese mal se ha recrudecido por diversos factores) y porque eventos como éste sirven de ejemplo para diversos representantes que busquen desviar la atención o conseguir objetivos de su propia agenda.

Espero que comenten al respecto y compartan su propio punto de vista sobre los temas que toca este artículo.

ACTUALIZACIÓN 09/01/12: El programa Violent Video Games Return ya fue cancelado, es decir no se destruirán y/o quemara ninguna obra, después de haber sido criticado por varios especialistas.

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