Hace ya unos años se estrenó la primera cinta de los Transformers y, como muchos de ustedes, me emocionaba el ver a los robots gigantes en la gran pantalla, ya que crecí viendo las caricaturas —unas buenas, otras no tanto— y pidiendo hasta el cansancio los jueguetes en día de reyes.

Pero al salir de la sala la primera vez no me sentía decepcionado, era más bien una sensación de desconcierto ¿Qué diablos acaba de ver? Seguro que esos eran Optimus Prime y sus colegas, y que el enemigo era Megatron pero el resto del elenco humano no ayudaba en nada a sentirla como lo que yo esperaba. Con la llegada de la segunda me quedó claro: esos bastardos nos mintieron, estás no eran las cintas que tanto hubiéramos querido, eran super producciones de Michael Bay donde lo importante eran las explosiones, las chicas sexies, los personajes humanos, en fin, todo menos los Transformers. Sobra decir que me negué —y continuo negando— a ver las sucesivas de Bay.

Sin embargo con la llegada de la precuela Bumblebee algo en mi se reanimó y decidió darle otra oportunidad —como a ti, tú sabes quién eres— y para mí grata sorpresa, es una película de Transformers, con un toque emocional/navideño, que si bien no era todo lo que esperaba, si es mucho mejor de lo que se había hecho hasta el momento.

La cinta arranca con una secuencia en Cybertron, dónde la batalla entre los Decepticons y los Transformers ha llegado a un punto crítico y estos se ven obligados a escapar. La batalla, liderada por Optimus y sus casiques, nos plantea muy claro los roles desde los primeros minutos y da una secuencia de acción bien pensada sin efectos que interrumpan la animación, haciendo que los modelos se vean mejor que nunca. Es aquí cuando Bumblebee es enviado a la tierra como avanzada para establecer un campamento mientras que Optimus se queda para defender como el Transformer alfa que es.

Tan solo llegar al planeta tenemos otra persecución entre John Cena militar—nombre oficial para mi—y Bumblebee, misma que se ve interrumpida por un Decepticon que trata de eliminar al héroe. La acción es muy buena y los diálogos entre los antagónicos son de lo más cliché que puedan imaginar, pero si recordamos que son juguetes noventeros, bueno, es justo lo que esperaría. La pelea cobra las vidas de los soldados genéricos, además de destruir la voz del Autobot y afectar su memoria; es ahí cuando en su huida se convierte en un vocho amarillo y comienza la película navideño.

Charlie (Hailee Steinfeld) es una chica con problemas quien se siente ajena a su familia y no encaja con sus compañeros, todo desde que perdió a su padre. Su peculiaridad: la mecánica automotriz, y en su cumpleaños es que recibe –roba– el vocho amarillo que termina reparando y descubriendo a ET Bumblebee quien se volverá su mejor amigo.

¿Porqué digo que es una cinta navideño? Vamos, díganme si no les suena está descripción: El es un amigo del espacio que vendrá a cambiar su vida cuando más lo necesita. Enseñándole el valor de la familia y los amigos. Un extraña amistad de otro mundo. ¿Esto es malo? Para nada, siemplemente es el desarrollo intermedio que ocurre entre cada escena de acción.

Las partes humanas están genuinamente bien —algo cliché, pero bien— y tienen un humor juguetón y algo simple pero que no se siente TAN fuera de lugar; e incluso su narrativa está bien planteada. Hailee Steinfeld entrega una buena actuación y los personajes de soporte son consistentes. A diferencia de las de Bay, no son todos unos idiotas acartonados ni una historia desechable.

Pero cuando no tenemos desarrollo emocional, la cinta decide dar paso a los Decepticons que han venido a buscar a Bumblebee; además de incluir flashbacks de las guerras en Cybertron. Estás últimas, hacen bien en mostrar a los personajes de la saga sin tener que darle vueltas o incluso mostrar a los que tienen formas de animales sin tener que dedicar una película a ellos, se integran naturalmente, como debió ocurrir desde el inicio.

En cuanto a los villanos, los vemos con un buen plan —cosa rara en ellos— y siendo malos, malos, incluso desintegrando —o licuificando— humanos. Sus escenas no serán súper emocionantes pero se dan el tiempo de tomarlos enserio y poner peso en su participación en la narrativa.

Sin decir más, todos estos elementos culminan en la batalla final entre Bumblebee, Charlie, John Cena y los Decepticons; la secuencia es genial y aunque ocurre de noche, no ocupa trucos baratos de sombras para esconder los robots; la animación brilla intensamente y me alegra que los humanos no son los salvadores milagrosos con en las de Bay, solo sirven de soporte y tiene su carga emocional; aún así, se sienten insignificantes frente a los verdaderos protagonistas.

Si hay algo que agradecer a Bay es que reviviera a la franquicia aunque sea en taquilla; de ahí en fuera, no me gusta lo que hizo con los Transformers —y ni empecemos con las Tortugas Ninja—. Bumblebee hace bien la mayoría de los apartados dónde Bay falla y entrega un producto redondo y disfrutable; mandó al demonio lo que ya se había establecido —cronologia incluída, según me cuentan— y creo que eso es lo que más agradezco de la cinta.

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Coordinador editorial, geek, cinefilo, gamer y otras monerías que saldrían en una caja de loot. Tomé una quest opcional y terminé escribiendo en El Vortex.