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ISMAEL MARTÍNEZ |

El mundo se fue al carajo. Sí. Otra vez…

Los culpables son ahora entes externos, invasores despiadados que usurpan la mente de los niños para replicarse y esclavizarlos. Tienen la forma de anfibios aracnoides y la resistencia humana, apenas una cédula liderada por un profesor de historia y un ex militar con problemas de alcoholismo, los llama “skitters”.

Meses han pasado desde que las naves alienígenas surcaron cielo terrestre. La humanidad cayó de inmediato, las defensas aliadas no estaban preparadas para semejante ataque. Todos en el grupo, sin excepciones, han perdido a alguien: padre, madre, hijos, hermanos. Estados Unidos (¿existe otro sitio en el mundo?) sobrevive enfrentando una estrategia de guerra de guerrillas; el área de enfrentamiento, sin embargo, es cada vez más angosta.

Son la 2da de Massachusetts. Y esta es su historia.

Humans vs Aliens

Apadrinada por Steven Spielberg, dirigida, producida y escrita por la gente detrás de trabajos como Heroes, Battlestar Galactica y Smallville, Falling Skies llega a su tercera temporada por la cadena TNT.

La serie aborda el mismo drama de la ciencia ficción clásica, el contenido ya apuntalado en las primeras historias del género vía revistas baratas en los primeros años del siglo pasado: una raza superior está dispuesta a eliminarnos, a servirse de nuestra vitalidad y recursos para progresar. Los humanos son como hormigas indefensas, aunque sean ellos los que tengan la forma de insectos.

Protagonizada por un maduro Noah Wyle (el memorable Doctor Carter en E.R.), Falling Skies no es, sin embargo, ejemplo de narrativa en el género, pues utiliza su forma para desarrollar los dramas usuales de un periodo de guerra; y lo hace desde el punto de vista de la víctima, una víctima que se refugia en el amor del prójimo, el amor de familia.

Su mérito no está, tampoco, en una dirección osada ni en la dinámica efectista de las obligadas secuencias de acción. El gran acierto de la serie, acaso el único, es el uso del maquillaje en la construcción de los efectos visuales, el engaño; y un sólido reparto actoral que ha sabido manejar el drama de la pérdida, del estrés constante que significa ya no ser la especie dominante en el planeta Tierra.

Claro que la propuesta se sirve de pantalla verde y modelaje por computadora, pero la utilización de maquillaje la dota de cierta credibilidad en el género que logra desviar la mirada de un diseño mecánico deficiente (sirvan los “Mechs” de ejemplo) y trucos de grúa en tomas gastadas.

Lo dicho: la serie no es buena, no lo es en estricto y no la recomendaría sin antes enlistar un número (creciente) de reparos -cosa que no haré para evitarles la engorrosa retahíla de comentarios “frikis”, que además, les arruinarían los cliffhangers de la trama-; sin embargo, el descuido al género -que no el abandono- ha sido tal en lo últimos años (no se diga en las pantallas caseras) que Falling Skies se hace, de alguna manera, indispensable.

Más aún cuando desde hace algún tiempo (diez, veinte, treinta años; a según el formato: literatura, historieta, televisión), la narrativa estadounidense está virando hacia los canales adultos, el desencanto, la vanagloria de los villanos y los antihéroes (The Sopranos, The Wire, Dexter, Breaking Bad, The Walking Dead, Hannibal) y los ídolos de bronce, los crédulos, los supermanes del ayer, quedan relegados a una suerte de caricaturas espiritualistas, patrióticas a la manera de Blue Bloods (que también entretienen, y muy bien).

Fallings Skies, me parece, comienza a asentar una ideología casi moderada post 9/11, todavía en extremo patriótica, en donde los ciudadanos desean una “democracia militarista” encabezada por civiles; una en donde un profesor de historia puede ser capaz de liderar, con las armas, el empedrado camino hacia la libertad. Una humanidad que anhela la paz y la prosperidad por la vía de la civilización y la hermandad.

Así visto, la alarma, el riesgo, está en que esa visión casi heroica de los procesos políticos-militares-humanistas palidece ante una perspectiva oscurantista que plantea, casi por sentado, que la salvación propia (unitaria o en grupos muy pequeños) es la única meta alcanzable. Vivimos una era en la que los héroes de antaño se ven impelidos al asesinato. Basta ver, leer, Man of Steel (Zack Snyder para cine) y The Superior Spider-man (Dan Slott para el formato historieta), de reciente factura.

Y que el resto se joda.

| IM | NEET | @KuranesII |

Faling-Skies-Season-3-Poster

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