Por Darth Kaoru |

Me da mucho gusto saludarlos de nuevo. Ya tenía tiempo que no escribía algo relacionado con el cosplay pero últimamente me han venido a la mente algunas cosas que quiero compartir con ustedes. De hecho se me ocurría ponerle como título a la sección “Etiqueta cosplay (?)” , precisamente haciendo notar el sarcasmo. Y si quieren contribuir con temas, ideas o preguntas, se los agradecería.

Etiqueta cosplay (?)

No es fácil ser joven y ser friki

Precisamente hace unos momentos respondía una pregunta en Ask.fm referente a la actitud que toma la familia y amigos ‘no frikis’ respecto a la actividad del cosplay, ésta fue mi respuesta: “Me apoyan totalmente y les gusta verme caracterizada, en el peor de los casos sólo ignoran mis locuras”, pero déjenme decirles que no siempre fue así, en un principio no les agradaba del todo que yo hiciera algo tan “extraño” que sólo venía a coronar una serie de “rarezas” en mi vida.

Es muy relativo lo que podemos considerar extraño o diferente, depende mucho del entorno social y familiar en que cada quien se desenvuelve; sin embargo, la sociedad “dicta” que  los gustos de algunas minorías son extravagantes, raros o excéntricos, e incluso la RAE los tipifica como frikis. Dentro de estas aficiones menores tradicionalmente se engloban la ciencia ficción y la fantasía, videojuegos, cómics, manga, animación, juegos de rol, juegos de cartas, cosplay e incluso lo relacionado con la computación y las ciencias.

Entonces, en mi infancia, como todo chiquillo, amaba ver televisión y disfruté una muy buena época a finales de los ochenta y principios de los noventa con animaciones y series clásicas japonesas, americanas y lo que me pusieran en frente. Comenzaban también los videojuegos en algunas consolas de moda y en las novedosas computadoras. Mi diversión muchas veces fueron las películas de Disney de la “nueva” generación y por supuesto los clásicos. Nunca me desagradó leer y me encantaban todo tipo de cuentos e historietas que caían en mis manos.

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Y vaya, parece que todo eso estaba bien porque era una niña de menos de 10 años. Ah, pero al entrar a secundaria y seguir viendo caricaturas, decorando los útiles con muñequitos, y comenzar a gastar mi dinero en tarjetas, videos, álbumes, etc.; al no seguir todos los pasos de la mayoría, la sociedad me etiquetó como diferente. Y la familia lo sabe… a veces no te dicen nada y te dejan seguir con tus gustos pero tarde o temprano sale a relucir la incomodidad. Tiempo después acudí a mi primer convención y al siguiente año decidí elaborar mi primer disfraz. En casa, al principio conté con el apoyo de algunos y la desaprobación de otros pero poco a poco se fueron acostumbrando.

Ya algunos nos encontramos en edad o circunstancias en que aún cuando los demás no aprueben del todo lo que hacemos, podemos ‘vivir la vida como nos parezca’, y ‘hacer lo que queramos’ sin reclamos, sin sentirnos mal y sin que importe la opinión de otros; podemos ser frikis a nuestras anchas, pero cuando se es adolescente y cuando se depende de otros, a veces es complicado.  He de decir que las reglas sociales se han relajado un poco y se respeta más la individualidad en la familia, así que les comentaré algunas cosas que pueden hacer la convivencia más amena con otros cuando somos cosplayers o “frikis“, tomando como referencia la comunicación y la confianza.

  • Respeta la reglas impuestas en casa (horarios, permisos, etc.) y no trates de burlarlas por causa de tu afición.
  • Es bueno que te comprometas con tu hobby (terminar de ver una serie, terminar un traje), pero sé también responsable con las demás ocupaciones, como tus deberes en casa, escuela, trabajo, etc.
  • Explica a tu familia qué es el cosplay y por qué lo haces. Coméntales que hay muchas personas en el país y alrededor del mundo que participan en esta actividad. Puedes mostrarles lo que son capaces de hacer los cosplayers experimentados de tu agrado y también lo que hacen quienes apenas van comenzando.

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  • Puedes compartir con tu familia tus proyectos de cosplay, pedirles ayuda para elaborar tus trajes y accesorios, o aporte de ideas. Muestra a tu familia el producto final de tu empeño puesto en tus vestuarios, en las convenciones hay maravillosos fotógrafos que sacan lo mejor de nosotros.
  • Para obtener recursos para hacer tus disfraces, si no puedes tener un trabajo porque interfiere con tus estudios, trata de ‘trabajar’ para tu familia ayudando en actividades en casa. También puedes reutilizar cosas de trajes anteriores o vender lo que ya no pienses usar.
  • Platica con tu familia acerca de tus actividades y experiencias dentro de las convenciones (o lugares de reunión que frecuentas). Tanto las cosas que a ti te parezcan buenas como las cosas en las que no estás de acuerdo. Si es posible, pide que te acompañen alguna vez.
  • No “aproveches” el cosplay  para hacer cosas indebidas a espaldas de tus autoridades familiares. Recuerda que las convenciones son lugares públicos y por un lado, puedes encontrar todo tipo de personas con buenas intenciones pero también malintencionadas. Y, de alguna u otra forma, puede salir a relucir algo que crees que hiciste ocultamente.
  • Cuando estés portando cosplay, por mucho que “entres en personaje”, no faltes el respeto a otros y date a respetar.
  • Si piensas que puedes hallar tu vocación en alguna de las áreas relacionadas con esta actividad, investiga muy a fondo de qué se trata y en qué se puede aplicar, platícalo con tu familia, pide opiniones, y mantén tu criterio abierto.
  • Sé tolerante con los gustos de los demás. Está bien que quieras compartir lo que te apasiona pero no todos pensamos de la misma manera, si a alguien de plano no le agrada, no trates de imponer sólo tu punto de vista.

Tampoco les voy a decir que sigo teniendo exactamente los mismos gustos de mi infancia. Mi forma de pensar ha cambiado y también lo que elijo para ver, leer, jugar, crear… Pero puedo decir que he hecho mis gustos parte de mi formación cultural y me han motivado a estudiar y aprender diferentes cosas.

Después de tantos años de ser “‘friki“, mi familia cercana ya lo ha aceptado, se han dado cuenta de que no lo hago por moda y que no fue una simple excentricidad pasajera o una forma de llamar la atención, sino un gusto que me ha acompañado por largo tiempo, que forma ya parte de mi personalidad y me enriquece en muchos aspectos. Algunos amigos y familiares que no me conocen tan a fondo lo consideran como otra faceta de mi vida y les llama la atención, precisamente, porque es “diferente”.

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