“Quien sostenga este martillo, si es digno, poseerá el poder de Thor”

A Martín Díaz González.

ISMAEL MARTÍNEZ* |

LÉASE ANTES DE CONTINUAR: El presente artículo contiene revelaciones intrínsecas a la trama y el desarrollo de la película, y sendas disertaciones sobre pasajes enteros, incluyendo su desenlace. Se recomienda discreción.

Vamos, pues, sin rodeos…

A pesar de que Thor: The Dark World es, en efecto, una película disfrutable, falla en su pretendido patetismo romántico, tan presente en la imaginería superheroica, porque insiste en su práctica bufona, incluso después de que presenta al menos un par de chistes contextuales de gran calibre, muy agradecibles —por otra parte— desde el punto de vista del fandom (dos ejemplos: Thor y su viaje por el metro de Londres; y el obligado cameo de Stan Lee, quizá uno de los más brillantes jamás hechos), y porque no presenta una continuidad deseable en la figura del héroe de historieta.

Y aunque The Dark World es muy superior a su predecesora (estrenada en 2011, de la mano de Kenneth Branagh) adolece de un error clave, uno que, me temo, no podrá ser subsanado en breve, ni como parte del megaproyecto de filmografía-continua en el que están enfrascados los estudios Marvel.

El poster publicitario fue muy criticado por ofrecer los mismos elementos que su homólogo en Iron Man 3
El póster publicitario fue muy criticado por ofrecer los mismos elementos que su homólogo en Iron Man 3.

Falla de origen

Hace tiempo escuché a un reputado autor de historietas mexicano, que había trabajado durante algún periodo escribiendo historias para la Casa de las ideas, que la gran emoción de proyectar escenarios para personajes de Spider-Man o Los Cuatro Fantásticos era sólo comparable con la terrible frustración de que éstos fueran, al fin y al cabo, nombres bajo un registro corporativo. Un copyright tan vacío de posibilidades y tan lleno de compromisos que el margen de creación resultaba en extremo limitante. Ello hace —disertaba el escritor entonces— especialmente plausible el trabajo que algunos han conseguido con la creación de series notables.

Un querido amigo, profundo conocedor de la historieta americana de las últimas tres décadas, con quien procuro asistir a cada estreno del tipo, repite al salir de la sala de cine —más o menos—, la siguiente cantaleta: “Estoy cansado de ser condescendiente. De no comparar los formatos, de esperar que traduzcan con esmero y eficiencia los elementos que se proyectan con tanta eficacia en dibujos sobre papel”. Ésta es, naturalmente, una inquietud, una decepción, un reclamo que compartimos muchos lectores de historieta. Muy frecuentes son los comentarios que señalan la superioridad del arte secuencia ante el formato celuloide (bueno, en realidad, ya video digital).

El mundo oscuro

Thor es, a según la narrativa cinematográfica contemporánea, un héroe de romancero. Uno que es capaz de abandonar su deber como divino monarca del pueblo asgardiano en pos de un amor terreno. Así lo han decidido los oscuros productores de las cintas para la pantalla grande, mucho más interesados en vender asientos de butaca vía pirotecnia visual que en ofrecer textos de integridad narrativa. En el presente filme, que a pesar de sus bemoles, de su esfuerzo moderno por hacer de los villanos agentes del cambio, mucho más interesantes que los heraldos de la justicia, pronto capitula en construir una épica provechosa para el espectador del siglo en curso.

Thor, príncipe de Asgard, heredero del trono de Odín, consciente de que su padre está a punto de terminar su ciclo como rey, y después de evitar la destrucción del universo entero gracias a la intervención de los terrícolas y sus aparentemente muy avanzados conocimientos en física aplicada, decide “esperar” a que el llamado a las obligaciones monárquicas sea irremediable. Mientras tanto, en un alarde de asquerosa cursilería (diseñado con descaro para satisfacer al público femenino más complaciente), el rubio guerrero viaja a la Tierra para arrojarse a los brazos de su (aquí) amada: Jane Foster.

Thor, una deidad nórdica que fue instruida para el cumplimiento del deber y la justicia, que hubo transitado por los reinos celestiales sembrando amoríos y abandonándolos, ¿de pronto se siente incapaz de rechazar el contacto con una simple mortal, privilegiando así el placer sensual sobre el deber militar y político?

Bien. Por supuesto que el argumento del arrebato pasional ha sido válido —y lo sigue siendo en infinidad de formatos—, resulta una inconsistencia imperdonable, pensamos algunos, para la continuidad de un personaje que se ha regido siempre por el ejercicio de la justica. Las cuestiones aquí, sin embargo, son muy claras: ¿Puede un dios, que ha sido deliberadamente despojado de su naturaleza (principio) humana (recordemos que en las cintas el doc Don Blake no existe), desistir de su formación y de sus ideales por una doncella? ¿Puede el Thor que se plantea ahora, a todas luces baluarte del egoísmo del placer hedonista, ser merecedor del Mjolnir…?

Donald Blake encontrando el Mjolnir
Donald Blake encontrando el Mjolnir.

Omake

El pasado jueves 12 de diciembre se estrenó en salas mexicanas la segunda parte del nuevo tríptico jacksoniano inspirado en el universo de J.R.R. Tolkien: El Hobbit: La desolación de Smaug. ¿Hace falta decir más? ¡Apresúrense a verla!

*El autor de este espacio se tomará un par de semanas de descanso, retomando el ejercicio de la presente columna el próximo jueves 9 de enero. Felices fiestas. 

| IM | NEET | @KuranesII |

FICHA TÉCNICA
Título original: Thor: The Dark World
Año: 2013
Duración: 112 min.
Género: Fantasía, aventura, superhéroes
País: Estados Unidos
Director: Alan Taylor
Reparto: Chris Hemsworth, Natalie Portman, Tom Hiddleston, Anthony Hopkins, Stellan Skarsgard

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Periodista y editor. Amante de las historietas, los videojuegos y la cultura japonesa. Con un breve paso por el Fondo de Cultura Económica, la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería y Canal 22, se ha especializado en proyectos de difusión de la cultura en medios independientes. Actualmente se dedica al cuidado editorial en Penguin Random House y funge, en sus tiempos libres, como editor de proyectos especiales en revista "MilMesetas", Portal Nómada de Cultura. Es, además, el más reciente recluta del departamento editorial en El Vortex: cultura geek. |