Por: Charly Zombie***

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¿Se imaginan que en el Distrito Federal se desatará el “apocalipsis zombie”?

Que todas y cada una de las calles que conocen, sitios históricos, famosos y muy visitados por sus familias, amigos y conocidos, se vieran invadidos por los “no muertos”  -aquellos seres repulsivos y extremadamente horripilantes- se apoderaran de cada uno de los espacios que parecen tan seguros y tan nuestros de la ciudad.

Parques, plazas, escuelas, centros comerciales, mercados, esquinas, departamentos y/o casas, todos infectados con la nueva “peste negra del siglo XX”: LOS ZOMBIES

Pues justamente esa es la primicia que maneja el autor Genaro López Iniesta en su última obra titulada: “Descansa en Pedazos”

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Pero… ¿Quién es Genaro López Iniesta?

Genaro López Iniesta nació en la Ciudad de México en 1973. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Tecnológica de México (Unitec), ha desarrollado el conjunto de su carrera profesional en el ámbito editorial y en medios audiovisuales. Colaborador habitual en revistas especializadas en cómic y juegos de rol, guionista de televisión (2a. temporada de Vida Mía, para Guadalupe Comunicaciones), argumentista para publicaciones como Especial de la Bestia, Fantomas y Kalimán (bajo la dirección de Daniel Bello), es también escritor, dramaturgo y editor (Síntesis, Mina Editores, Editores Mexicanos Unidos).

Sin duda un autor al que tienen que ponerle atención, si es que son fanáticos de la cultura zombie y no solo por eso, sino porque su obra maneja una narrativa y un escenario sumamente realista, crudo y muy sincero de lo que sería un “apocalipsis zombie” en tierras mexicanas.

Y es que, ¿quién no se ha imaginado que nuestro precioso D.F. se viera invadido por los “muertos”? Seguro que muchos han fantaseado con esta posibilidad, y con la fantasía de imaginar, ¿qué haríamos en una situación así?

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Mientras, aquí les dejo un fragmento de su obra, para que se animen a comprar su libro y se den un buen festin de letras, llenas de sangre, terror y sobre todo: ZOMBIES

-Atacaron a todos mis compañeros. Ninguno sobrevivió. No nos advirtieron del peligro que ahí nos esperaba. Entramos como corderos al matadero. Sólo yo salí de ese pandemónium. Pero ahora sé que aunque detengamos a uno, veinte más tomarán su lugar. Así de rápido se está esparciendo la pandemia.

-¿Cómo es que llegaste hasta aquí?

-Después de que maté –si ése es el término- a uno de ellos, salí a comunicarme con el teniente por la radio. Corrí sin detenerme hasta alcanzar el speedyboat. No vi a ninguno de mis compañeros vivo. La masacre había sido total. Algunos de ellos ya se habían convertido en esos… “zombis”, en esos… ¡cadáveres vivientes! En el camino continué disparando a los que me perseguían. Nada los detenía. Las balas sólo los aturdían. Me di cuenta de que únicamente volándoles la tapa de los sesos podrían ser abatidos. ¡Eran demasiados, padre! Llegué al bote de rescate y encendí el motor fuera de borda. Al arrancarlo, uno de ellos se aferró a la hélice y sus brazos se partieron en pedazos saliendo disparados en todas direcciones. Pero lo que más impresión me dio es que no cedían, no se cansaban. Sin brazos, sin vísceras, incluso sin piernas, ellos continuaban su marcha, y me quedó clara una única verdad: jamás se detendrían, continuarían hasta lograr su objetivo o ser destruidos en el intento.

-¡Dios mío!

-Ése es precisamente el problema, padre… Dios no tiene nada que ver en esto… Él sólo lo permitió… No hizo nada… Je. Tomo su silencio como un “Sí, hijo, tienes razón. El Señor nos abandonó cuando más lo necesitábamos”.

-Aún no has contestado mi pregunta, ¿cómo es que llegaste hasta aquí?

-Cuando conseguí cruzar el municipio inundado, llegué al campamento base y ya no había nadie. Se habían marchado. Nos dieron por muertos. Sitiaron el lugar y lo declararon zona de desastre. Nadie entraba ni salía. El ejército se plantó fuera del municipio, esta vez armado hasta los dientes. Después de la masacre se dispuso otro grupo de soldados, esta vez formado por infantes de marina y de aviación. Era una zona de guerra. Estaban sorprendidos de verme, no esperaban que yo viviera. El General de Brigada ordenó que me revisaran hasta mis últimos rincones para asegurarse de que no era uno de los infectados. De inmediato me enviaron aquí a México a reportarme a la zona militar de Tacubaya. No lo supe hasta que llegué: Mi familia entera, mi padre, mi madre, mi esposa, mi hija fueron atacados por esos engendros salidos del infierno, y todos ellos murieron.

-Lo siento, hijo. ¿Cómo podría darte consuelo?

-Ahora ellos andan afuera, convertidos en zombis, matando y devorando gente. Y no los puedo encontrar. Pueden estar en cualquier lugar de esta maldita ciudad. Llevo días buscándolos… ¡Carajo, mi niña sólo tenía cuatro años!… No sé si se convirtió o no… Lo más desesperante es no tener un cuerpo que enterrar, nada ni nadie a quién llorarle. Y la maldita incertidumbre me está matando, me consume.

-¿Y llegaste hasta aquí en su búsqueda?

-No… Vine a decirle a Él que estoy muy decepcionado, que no me cabe en la cabeza cómo pudo permitir que la humanidad se enfrentara a esto. Que aun sabiendo el sufrimiento que sintió cuando su hijo padeció en la cruz, todavía permite que un padre no sepa qué fue de su hija.

-Hijo, el Señor trabaja…

-Ahórrese el sermón, padre. No me interesa.

Miró de reojo y vio a un muerto que había entrado a la Iglesia. Se levantó y fue hacia él, apuntándole con su Beretta.

-Sólo quiero que le quede claro que yo no me voy a rendir…

Disparó al pecho del zombi, que se tambaleó ligeramente, sin apenas detenerse en su andar hacia él.

-Los voy a encontrar, aunque tenga que matar a cada maldito caminante que se interponga…

Volvió a jalar del gatillo y la bala atravesó el abdomen del monstruo, saliendo de inmediato un chorro negro de la herida.

-Sea hombre, mujer o niño…

El tercer impacto le deshizo la clavícula izquierda.

-Esté en la calle, casa, tienda o iglesia…

La cuarta bala le entró en la boca y salió limpiamente por detrás.

-No voy a quedarme tranquilo con sus designios…

Las últimas dos balas atravesaron sus ojos volándole el cerebro.

-¿Me oíste, Jesús? Los encontraré así tenga que pasar por encima de tu voluntad.

“Descansa en pedazos”, una novela de Genaro Iniesta.

Para contactar a Genaro Iniesta y solicitar su ejemplar, aquí su FACEBOOK:

FACEBOOK GENARO INIESTA

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Y de parte de todo el Vortex, estimado Genaro, te damos las gracias infinitas por acompañarnos en el pasado “ROCK SHOW OF THE DEAD” en el Comic’s Rock Show del D.F.

MUCHAS GRACIAS POR TU CONOCIMIENTO Y POR COMPARTIR EL GUSTO ZOMBIE QUE TENEMOS ACÁ EN EL VORTEX.     

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