No es sólo que haya roto todos los récords de Netflix (más de 40 millones de cuentas reprodujeron el primer capítulo el día del estreno y más de 18 millones de cuentas ya terminaron de ver la temporada a una semana de su estreno). Stranger Things 3 es la mejor temporada de la serie por mucho más que sus números, es casi perfecta.

Antes de comenzar, les recuerdo que, a partir de ahora, es probable que encuentres cosas que arruinen la trama de la serie si todavía no la ves.

¡ALERTA DE SPOILER!

La temporada comienza con el romance de Mike e Eleven. Algunos fans se han quejado de él, pero ¿qué esperaban si desde la primera temporada se siente la tensión sexual entre ambos personajes?

La pandilla ya no está conformada por unos niños, ahora son adolescentes con intereses diferentes. La ruptura del grupo confirma que han cambiado, han crecido y, mientras unos quieren chicas, otros sólo quieren que toda sea como antes, antes del Demogorgon.

Joyce y Hopper también son víctimas de la tensión sexual, pero ella está tan enfrascada en el dolor y la culpa de haber perdido a Bob, que no es capaz de aceptarlo, ni siquiera de pensarlo. Nancy y Jonathan siguen siendo una bonita pareja de jóvenes adultos que disfrutan de recordarse su amor… desnudos… en la cama de Jonathan.

Como ya es costumbre, una amenaza se apoderó de Hawkins ─porque si no fuera así ¿seguiría siendo Stranger Things?─. Pero esta vez no proviene sólo de The Upside Down, no; esta vez, los rusos son los culpables de la llegada del Demogorgon a nuestro plano. Y, como siempre, Eleven es la única que puede hacerles frente. O eso creemos, hasta que sabemos que no viene por Will, sino por ella: su objetivo es destruir a su enemiga mortal.

A lo largo de los capítulos vemos una relación más amigable entre Eleven y Max que se vuelven mejores amigas. Aunque Max es un personaje encantador, en esta temporada la impregnan de un “empoderamiento” innecesario que por momentos la vuelve fastidiosa, además de volverse entrometida y, de cierta forma, abusiva con la ingenuidad y desconocimiento del mundo por parte de El.

Dar mayor protagonismo a Steve y darle como compañera a Robin es una de las mejores decisiones de esta temporada, especialmente porque con ella, incluyeron un personaje homosexual sin que su preferencia sexual modificara de algún modo la trama o importara sólo por ese detalle ─a ver si Disney aprende algo─.

Lo mejor de esta temporada, además de las escenas de acción y de la nueva forma que tiene el Demogorgon de armarse y desplazarse, es el sentido de familia que llena la pantalla.

Por un lado, vemos a Max preocupada por Billy, su hermanastro, y su relación con el Desuellamentes, pese a lo mal que él la trata. Por otro lado, el discurso que Hopper le da a Eleven al final de la temporada mueve el corazón a cada palabra, pues no es sólo lo que dice sino el adiós que le acompaña.

La trama y el cómo se cuentan los hechos están calcados de las dos temporadas anteriores, pero es una fórmula que, hasta ahora, ha servido y los espectadores hemos aceptado felizmente. ¿Algún día nos aburriremos? No puede saberse.

Aunque no todo es perfecto. La escena postcréditos le resta varios puntos al final que ya tenía la serie y, aunque deja la puerta abierta para una cuarta temporada, también nos regala una esperanza de ver a un personaje que había tenido el final más hermoso de toda la serie.

Y la escena musical de Dustin puede parecer completamente innecesaria, muy al estilo Disney, pero es un momento muy bonito y mágico que nos recuerda que siempre hay algo bonito por qué sonreír, por qué luchar y por qué no darse por vencidos; es como el ojo del huracán: un momento de calma en medio de tanta tensión.

Si los hermanos Duffer se deciden por una cuarta temporada, deberán ser muy cautelosos en cómo llevarán la trama, pues puede salir muy bien o estrepitosamente mal, especialmente ahora que han dejado entrever que la nueva temporada podría estar lejos de Hawkins.

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