Sí, todos, TODOS, hemos sido Rocko por lo menos una vez en la vida: hemos añorado con el pasado, hemos deseado volver a nuestra infancia, revivir los mejores años de la vida y, especialmente, nos hemos aferrado a lo que tuvimos, a lo que fue y nos negamos al cambio. Sí, todos hemos sido Rocko una vez (o más).

Después de 20 años, Netflix nos regaló 45 minutos de regreso a los 90 con un hermoso, de verdad bellísimo, especial de La vida moderna de Rocko. Los millennials que vivimos nuestra más tierna infancia durante la década de los 90 regresamos, por 45 minutos, a ser los pequeños que llegaban de la escuela, aventaban la mochila, prendían la televisión y sintonizaban Nickelodeon para pasar horas frente a la pantalla; esperamos 20 años para disfrutar del regreso de Rocko y compañía.

Como espectadora y nostalfag, esperaba que esté especial fuera lo más parecido a la serie de los 90 y que no fuera una nueva víctima del síndrome Las Chicas Superpoderosas; Netflix no me falló —podría decir que a nadie— y entregó un producto lleno de calidad con el que muchos nos identificamos.

El especial empieza 20 años después de que Rocko, Spunky, Filburt y Heffer se perdieran en el espacio y han estado orbitando la tierra. Al volver a la Tierra, Rocko se da cuenta de que nada es como era antes de irse y desea que todo vuelva a ser como antes o que, por lo menos, una cosa vuelva a ser como hace 20 años: su programa favorito. Todo el especial gira en torno a eso, a su deseo de volver a ver el programa de se juventud, Los Cabezagorda ¿no les suena especialmente familiar?

Después de 20 años lejos, Rocko se encuentra ante la imposibilidad de entender el nuevo mundo —cosa a la que sus amigos no se enfrentan, pues logran adaptarse con mucha facilidad— lleno de impresoras 3D, bebidas energéticas radioactivas, drones… pero vacío de eso que lo volvía su hogar.

Los Cabezagorda representan todo con lo que nuestra generación, los verdaderos millennials, nos identificamos porque creemos que todo pasado fue mejor, al menos en las caricaturas; Cambio de chip es una “caricaturaception”en la que Rocko —que es cada uno de nosotros y, al mismo tiempo, nuestro tío sin idea de tecnología— pertenece y es ajeno a su momento, pues le gustaba más lo que había antes, pero sin darse cuenta de lo que realmente extraña: el Rocko que era hace años.

Sí, el especial habla, una gran parte del tiempo, de la negación al cambio; sin embargo, hace una hermosa reflexión sobre la aceptación y respeto de cosas nuevas (visto en el hijo de los Cabezagrande).

Rocko volvió en forma de cambio, aceptación y retos que todos debemos ver, respetar y, de cierta forma, amar.

Sí aún no has visto este capítulo, no esperes más y deja que tu niño interior se divierta como hace 20 años que no lo hace.

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