Black Mirror es una serie distópica creada por el británico Charlie Brooker en 2011. Lleva este nombre en alusión a las pantallas negras que tenemos y usamos todos los días, tanto en nuestras computadoras como en los celulares. Lo que me encanta de este TV show es que no solamente hace predicciones sobre lo que nos deparará el futuro si abusamos de la tecnología, sino que también podemos encontrar  historias sobre la invasión a la privacidad, sobre lo que Guy Debord llamó “la sociedad del espectáculo“, así como sátiras acerca de la obsesión por ser aceptado en las redes sociales.

Un tema recurrente en la serie y que nos atañe a todos, y más ahora con el auge de las apps y de la social media, es el de la invasión a la privacidad y es de lo que se hablará en este artículo. *Cualquier parecido a la realidad es mera coincidencia*

¿A quién le pertenece tu vida?

Según la revista Forbes, nuestra privacidad en Internet es completamente nula. Todos somos parte de un mercado. Las grandes y menores empresas ven al internauta como un cliente potencial y utilizan sus datos personales para trackearlo y saber qué y en qué momento venderle sus productos. Además, las empresas saben que nadie lee los términos y condiciones cuando ingresan a un portal en la red y es precisamente en este punto donde la gente da sus datos personales sin siquiera darse cuenta. Así lo señala Arturo Solís, en Forbes:

Las empresas también aprovechan la poca claridad de sus términos para acceder a información.

Un botón de muestra: para instalar una aplicación como la de Facebook, la empresa de Mark Zuckerberg “requiere” que autorices acceso a tu móvil en funciones como identidad, cámara, micrófono, ubicación, ID de dispositivo y datos de la llamada.

En la obra teatral “Privacidad” –la cual les recomiendo muchísimo– mencionan que las compañías pueden saber si estamos tristes, enojados o, en el caso de las mujeres, embarazadas por nuestros hábitos de consumo y también por lo que “googleamos” en Internet. De esta manera, saben qué mercancía ofrecernos justo en el momento indicado. Igualmente, nuestro smartphone registra los lugares en los que hemos estado sin que lo sepamos –si no me creen, vayan al menú Ajustes – Privacidad–. Estos metadatos no sólo le sirven a los empresarios sino también al gobierno, para fines de disque “seguridad nacional”, pues hoy en día ya cualquiera puede ser un criminal en potencia.

En unos años –lamentablemente no muy lejanos– tener privacidad al 100% será cosa del pasado y no sólo porque el gobierno y las empresas se dediquen a espiar a la gente, sino también porque se desarrollarán gadgets que estarán al alcance de todos y que facilitarán la invasión a la vida íntima de cualquier persona. Y eso Charlie Brooker lo sabe perfectamente.

En “Toda tu historia” (The entire history of you, Temporada 1, episodio 3) la gente puede tener grabada su vida y guardarla en archivos, pues se les ha insertado una especie de chip en la cabeza, con el que pueden ver grabaciones de experiencias pasadas. Algo como si trajeran una cámara de video en los ojos. De esta manera, cuando quieren recordar un momento de sus vidas, solamente se meten a esa “nube de información”, buscan ese archivo y listo. El problema surge cuando quieren ocultar información, pues no hay manera de esconder ni de cambiar esa realidad “grabada”. Este episodio es tan intrigante que el actor hollywoodense Robert Downey Jr adquirió los derechos para hacer una adaptación cinematográfica.

Sony ya registró una patente de lentes de contacto que pueden grabar todo lo que vemos y  que guardan esas imágenes en un dispositivo de almacenamiento interno, para que el usuario pueda acceder fácil y rápidamente a sus grabaciones… ¡tal como en la serie! El problema sería que alguien nos esté viendo/grabando sin nuestro consentimiento y que después usara esas imágenes en nuestra contra o, en el peor de los casos, que alguien hackeara nuestro almacenamiento interno y diera a conocer a la luz pública nuestra vida.

En “Cállate y baila” (Shut up and dance, Temporada 3, episodio 3) un chico se masturba frente a su computadora y le llega un mensaje de un supuesto hacker para amenazarlo de publicar ese video si él se resiste a seguir sus órdenes. Al ver este capítulo, es inevitable no acordarse de cuando se “infiltraron” las fotos que varias actrices de Hollywood habían subido a iCloud, como fue el caso de Emma Watson y Amanda Seyfried. ¿Qué pasaría si eso le ocurriera a un ciudadano común, como en “Cállate y baila”?

Según Forbes, siete de cada 10 mexicanos han sido víctimas de delitos informáticos a través de sus móviles en algún momento de su vida. Este dato está relacionado con los ataques de espionaje telefónico, causado por el malware Pegasus (proveniente de una agencia gubernamental federal), que afectó a varios periodistas mexicanos hace algunos meses; entre ellos a Carmen Aristegui.

El hecho de que ese malware haya sido originado por el gobierno es ya algo preocupante, pues el espionaje es una violación a la Declaración Universal de los Derechos Humanos que reconoce el derecho a la vida privada. Si el gobierno no nos puede proteger contra los ciberataques ¿entonces quién?

Sobrepasar los límites

En “Arkangel” (Temporada 4, episodio 2), una madre obsesiva por el bienestar de su única hija, le inserta un chip en el cerebro para poder ver todo lo que ella ve y siente. Lleva ese control hasta el límite que su hija, ya de 15 años, se da cuenta que su propia madre la vio teniendo relaciones sexuales sin protección.

Hoy en día, ya existen escuelas, como los institutos Montessori, que proveen un servicio de monitoreo vía Internet; es decir, los padres saben qué es lo que sus hijos comen y hacen durante su estancia en esas escuelas. Sin duda, en unos años en todas los colegios y centros de recreación, los padres ya podrán contratar un servicio parecido al de Arkangel y más si el bullying y el acoso sexual sigue en aumento. Por un lado, servirá para detectar a los acosadores más rápido, pero por otro, la vida privada de la persona que porte el chip será nula, ya que siempre estará siendo observado y vigilado.

En “Crocodile” (Temporada 4, episodio 3), una investigadora de seguros, quien usa una especie de aparato para ver los pensamientos de la gente, es asesinada tras ver los pensamientos de Mia, una mujer con un pasado oscuro. Este episodio abarca también el tema de la invasión a la privacidad porque los agentes de seguros pueden ver todo lo que sus clientes y los testigos piensan. Literal, todo, sin excepciones, y después hacen una copia de sus pensamientos, mismos que después son registrados en una base de datos y que pueden ser vistos y estudiados por otras personas.

Los escritores de Black Mirror no están tan alejados de la realidad, puesto que ya se está desarrollando un dispositivo que puede leer la mente mediante la detección de ondas cerebrales. Los investigadores de este proyecto incluso han predicho que un dispositivo “de uso fácil” vinculado a un teléfono inteligente podría estar listo en 4 años (Más información en The Independent).

Black museum“, el sexto episodio de la cuarta temporada, es una mezcla de invasión a la privacidad y de la sociedad del espectáculo. La historia relacionada con la invasión a la privacidad es acerca de un chica que queda en estado de coma, pero gracias a un software que un neuro científico llamado Rolo Haynes desarrolló, ella puede estar en la cabeza de su esposo y ver todo lo que él hace, mientras ella sigue en estado vegetal. Los primeros días, él la pasa bien con ella pues conversan después de mucho tiempo de no hacerlo, pero después ella lo critica por voltear a ver a otras mujeres y por no hacer lo que ella le dice que debe hacer. Su esposo termina poniéndola en estado de “pausa” para no tener que escucharla y para no dejarla ver lo que él hace en su vida íntima.

En la actualidad ya se puede sostener “comunicación” con una persona en coma gracias a un escáner fMRI (Imagen por resonancia magnética funcional), pero traspasar a esa persona a nuestro cerebro para que pueda sentir y ver lo que sentimos y vemos, sería más perjudicial que benéfico. En primer lugar, porque nunca volveríamos a tener vida privada y, en segundo lugar, porque el periodo de aceptación y de resignación sería más doloroso y difícil de sobrellevar. Cuando una persona está en coma profundo difícilmente despierta. Es muy inhumano y cruel tener a ese ser querido constantemente en nuestros pensamientos y hacerle sentir emociones que nunca más volverá a experimentar. Ambas partes sufrirían ¿entonces por qué alargar ese dolor y no querer enfrentar lo inevitable? Lo mejor que podemos hacer es dejar ir o, como dicen los tanatólogos, “soltar” y seguir adelante.

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Más allá de los asombrosos efectos visuales y de ver en algunos episodios actores de renombre como Jon Hamm (Mad Men), Domhall Gleeson y Jodie Whittaker (la treceava y primera Dr. Who mujer), Black Mirror es un “must watch” si les interesa la ciencia ficción y la cultura de masas. No tienen que ver los episodios seriados, cada uno es unitario. Eso sí, cada episodio los dejará pensando en un futuro no muy esperanzador.

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