KAT URIARTE |

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Mi aventura en el mundo de Harry Potter empezó en 2001: cursaba mi primer año de secundaria y la maestra Chuy de Introducción a la Física y a la Química nos dejó de tarea ir al cine a ver esa película para niños que se acababa de estrenar, Harry Potter y la Piedra Filosofal, con el pretexto de que en ella mencionaban al alquimista Nicolás Flamel y su codiciado elixir de la vida. Recuerdo que la película ni me gustó tanto, tampoco entendí bien que hacía la piedra y me quedé con muchas dudas sobre la trama. Siempre he odiado no entender bien una historia por lo que decidí pedirle prestado a mi primo el libro en el que estaba basada la película. Empecé a leer el capítulo uno y no pude detenerme hasta que terminé los primeros cuatro libros, la magia de los pasillos de Hogwarts ya me había capturado.

Harry Potter y la Piedra Filosofal es el libro que nos introdujo a mí y a muchos otros niños y jóvenes alrededor del mundo a la lectura, siendo ésta una de las razones principales por las que los personajes y lugares creados por J.K Rowling son tan amados. Quienes crecimos con Harry, Ron y Hermione esperábamos con ansias cada nuevo libro; los foros en internet se llenaban de teorías sobre lo que sucedería en las nuevas entregas; nuestros padres miraban orgullosos como devorábamos los capítulos; las películas y sus hermosos escenarios materializaban los objetos y escenarios mágicos que imaginábamos con las palabras de Rowling; figuras de acción, replicas de objetos mágicos, varitas, uniformes, túnicas y demás mercancía oficial llenaban las tiendas y vaciaban nuestros bolsillos. Pero cuando nos dimos cuenta, ya no había nuevos libros que leer o estrenos que esperar. La saga que nos acompañó por 10 años (para algunos más, para algunos menos) había llegado a su fin y por muy exagerado que suene, dejó un vacío en nuestros corazones.

Claro que siempre podremos volver a leer los libros y ver las cintas, sin embargo la emoción de lo nuevo y desconocido se fue, ya no habría nuevos hechizos que aprender o nuevos lugares que recrear en nuestra imaginación… o eso creíamos hasta que llegó The Wizarding World of Harry Potter, el parque temático que todo “potterhead” quiere visitar alguna vez en su vida, porque ¿quién no se ha imaginado caminando por los pasillos de Hogwarts o haciendo compras en Hogsmeade? Tristemente, Orlando no nos queda a la vuelta de la esquina, pero hace poco descubrí, gracias a las redes sociales, una pequeña cafetería que alegró mi corazón de bruja como hace mucho nada lo hacía. Escondida entre las empedradas calles del centro de Tlalpan e invisible a los ojos “muggles” encontré El Caldero Chorreado.

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Al llegar a la calle de Congreso casi esquina con Jojutla, se puede observar un letrero con letras doradas adornado con un caldero que desentona entre las pequeñas casas y demás cafeterías de la zona. El Caldero Chorreado nos recibe con dos ventanas repletas de productos de nuestro mago favorito: figuras de lego, varitas hechas a mano, pulseras, dulces traídos desde Honeydukes y un par de goggles de Quiddicth; estas cosas nos invitan a entrar y descubrir la experiencia que nos ofrece esta cafetería.

Pequeña y acogedora, al poner un pie dentro te sientes transportado a uno de los escenarios de las películas. Varitas, carteles de “Have you seen this wizard?”, pinturas y fotografías de los personajes adornan cada una de las paredes; una snitch dorada cuelga del techo; el Sombrero Seleccionador nos vigila desde la entrada a la cocina; la Copa de Quidditch nos deslumbra a un costado de la caja registradora; algunos magos afirman haber visto al mismísimo Dobby paseando por allí. Las películas son proyectadas constantemente en una pantalla, que a su lado tiene una consola Wii, para cuando se organizan torneos de Harry Potter Quidditch World Cup.

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Fotografía: Rober Monkada.

El menú tiene un diseño parecido al mapa del Merodeador, como si tuvieras que jurar solemnemente que tienes hambre para poderlo leer. Al abrirlo descubres una amplia variedad de bebidas (cafés, tés, sodas, frappés y smoothies), muchas de ellas con nombres alusivos a los libros y con precios muy accesibles, que van desde los $20 hasta los $60 aproximadamente.  La comida es la típica de una cafetería: baguettes, chapatas, burritos y pasteles te quitarán el hambre mientras disfrutas de un refrescante vaso de “sangre de dragón” o de la especialidad de la casa, ¡la cerveza de mantequilla! (sin alcohol), esa peculiar bebida que siempre hemos querido probar.

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Juro solemnemente que tengo hambre.

También puedes encontrar mercancía oficial, ropa y artículos artesanales. ¿Tienes antojo de una rana de chocolate o quieres arriesgarte probando una gragea Bertie Bott?, también allí las encontrarás. Por si lo anterior fuera poco, constantemente se organizan eventos tales como torneos de Quidditch, rifas y concursos de disfraces, el año pasado se celebro Halloween y ¡el cumpleaños de Harry!, convirtiendo a El Caldero Chorreado en punto de encuentro para fanáticos del mundo creado por J.K Rowling.

Si te consideras un “potterhead”, unmuggle” con corazón de mago o bruja que aún sigue esperando su carta para Hogwarts o simplemente disfrutaste de las películas o libros, sin duda disfrutarás de la experiencia que brinda El Caldero Chorreado, un pequeño oasis mágico en una ciudad “muggle”.

 

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Geek de tiempo completo, gamer ocasional, dibujante frustrada, sarcástica sin remedio, eterna enamorada de Spider-Man y de Leon S. Kennedy. Serie-adicta, fanática de las caricaturas de los 90, de las películas y libros de ciencia ficción y de la mercadotecnia. Dedico mis ratos libres a trabajar en una agencia de publicidad, a dar consejos sobre Android, a llorar (ya no tanto) con los partidos de los Pumas y a incomodar a los demás con mis silencios. También colaboro en Lux Tenebris.