Desde hace tiempo hemos sufrido una sequía de iconos de acción, los actores que en algún momento llenaban nuestras pantallas con explosiones y testosterona fueron desapareciendo para darle espacio a los dramas adolescentes como Crepúsculo, Harry Potter, Los Juegos del Hambre y Mace Runner. Si bien el cine de superhéroes nos trajo muchos iconos, no llenaban los zapatos de personajes como Jason Bourne, Ethan Hunt, algún Terminator, o los personajes de Duro de Matar.

Hasta que llego John Wick y su trilogía, dando un cierre magistral a un camino que empezó desde el 2013 lleno de armas, peleas y un sendero lleno de traiciones y muerte.

Han pasado dos semanas desde que el asesino a sueldo, John Wick, regresó al negocio después de romper una de las mayores reglas en el bajo mundo. John ganó una recompensa tan grande que toda la comunidad de asesinos que habitan Nueva York irá por su cabeza.

Sin armas, sin apoyo de sus amigos –por miedo a romper las reglas y ganar que les pongan precio a sus cabezas-, John tiene que usar todos sus recursos para poder sobrevivir a una ciudad que está en su contra, pero sus acciones han ocasionado problemas mucho mayores que no solo ponen en peligro su vida, sino de la gente que aún confía en él.

Ballet de balas.

Desde 2013 el cine de acción ha tenido un estandarte en Keanu Reeves en el papel de John Wick, logrando salir de la sombra de La Matrix y de Neo.

Esta película continúa con la misma línea de las anteriores, con un baile de balazos y peleas perfectamente coreografiadas y un humor bastante sobrio que no hace que pierdas la acción que invade la pantalla.

La música sigue cumpliendo, dando una atmosfera oscura y saturada de luces neón, trajes oscuros y muerte.

El cierre de esta trilogía está al nivel de las entregas anteriores, dando un nuevo estándar a las películas de acción de esta década que está por terminar, trayendo a Keanu a la escena como un nuevo icono de la acción.

Comentarios

comments