MRD EDDIE RIVERS |

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Como ustedes recordarán, hace dos semanas les platiqué mi gran experiencia comiquera, un poco de mi vida al lado de mis tan queridos cómics; además de las múltiples recompensas que se han generado a partir de este gusto.

Pero ahora les contaré un poco de mi experiencia personal con el anime. Al manga lo he dejado de lado completamente debido a que en ese tema soy un neófito totalmente, es un tema que desconozco y no sabría por dónde empezar.

Remontémonos a esa bella época de los 90 en donde yo era un mozalbete que disfrutaba de las aventuras de Batman, Luke Skywalker y los X-Men. Pero cierto día, aparecieron en mi televisor unos chiquillos que jugaban fútbol en canchas de 40 kilómetros y que se tardaban cuatro episodios para meter gol con movimientos como el tiro con chanfle, el del tigre, la chilena y muchos más.

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Estos personajes eran llamados “Los Súper Campeones” y entre ellos figuraban estrellas como Oliver Atom, Benji Price, Richard Tex-Tex, Steve Hyuga, Bruce Harper y varios más de los cuales no recuerdo sus nombres. Este anime fue el primero que conocí, me emocionaba cada vez más cuando lo veía y no me lo perdía, pero años después deje de seguirle la pista y me decepcioné al saber que a fin de cuentas, todo fue un sueño de un drogado Oliver Atom sin piernas…

Al poco tiempo de haber conocido a Los Súper Campeones, aparecieron Los Caballeros del Zodiaco. Estos muchachos valerosos se enfundaban en poderosas armaduras que contenían los poderes de antiguos héroes y míticos animales. Sirviendo a la diosa Atena, los caballeros protegían al mundo de la destrucción.

Ya fuese por cortesía de los caballeros dorados, Hades, Poseidón, los caballeros de Asgard, los demonios, etcétera., Seiya y sus camaradas jamás tuvieron motivos para dejar de pelear a favor del bien. Eso sí, a cada rato les ponían unas palizas peores que las de la WWE.

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Recuerdo que en varias ocasiones me harté de verlos sufrir y morirse: “¡Ay, ya, por favor que alguien les meta un balazo para que dejen de andar de chillones!” Y seguramente mucho estarán de acuerdo conmigo en  que los últimos momentos de “el dragón” Shiryu  fueron humillantes. La pelea de Andrómeda contra Piscis fue de lo más extraño que haya visto hasta ese momento, en el anime más violento que había en esa época, antes de que apareciera Dragon Ball.

Tiene tiempo que no veo las aventuras de los caballeros del zodiaco, pero eso no le quita el cariño que le tengo a  dicha serie. De hecho compré hace algunos años al caballero dorado de Escopión (por si querían conocer mi signo zodical), solo para recordar esas tardes de hace veinte años cuando jugaba con mis figuras de los caballeros para proteger el universo.

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“¡Vamos a buscar las esferas de dragón!” decía aquella canción de  la primera serie de Dragon Ball, en donde Gokú era un escuincle que buscaba dichas esferas, las cuales, al juntarlas, harían que apareciera el grandioso Shen Long para concederte un deseo.

Dato curioso y extraño: resulta que cuando yo iba en preprimaria, nos ponían a ver Dragon Ball y a la irritante Aralé, pero nunca jugábamos a ello, sino al contrario, lo aborrecíamos. No fue sino hasta que apareció la serie de Dragon Ball Z que me volvi fan del saiyajin.

En mi baúl de juguetes abundaban las figuras de Gokú, Piccolo, Vegeta, Broli, Yamcha y Tenshin Han en cualquiera de sus versiones, y me pasaba horas jugando a matar de Freezer o a Majin Boo; incluso me dediqué a coleccionar los álbumes de estampitas, de los cuales solo conservo uno a la fecha.

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Años después de haberse terminado Dragon Ball, comenzaron a transmitirse las repeticiones de Heidi y desde que comencé a verlas, me quedé embobado con la niña de los Alpes que cantaba “abuelito dime tú”. Creo que hasta se convirtió casi en una religión ver a la niña con chapitas de manzana en compañía de Clara, la niña invalida; Pedro su amigo-novio y su abuelito que se parecía más a Santa Claus que nada.

Poco después apareció Ash Ketchum del pueblo Paleta con sus 150 pokémones para hacerme enloquecer y comprar el álbum de estampitas, para el cual necesitaba Pritt. Fue la locura y me hizo enajenarme con la serie, tanto que mi mochila de la primaria, hasta mis calzoncillos, eran de Pokémon.

No obstante, nada realmente me acercó mas a ser “otaku”, fue una serie bastante cursi pero muy divertida, llamada Sakura Card Captor, en la cual una mocosa atrapaba cartas mágicas con ayuda de un “leoncito” -llamado Kero- y siempre la saludaba su hermano con un “Buenos días, monstruo”.

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Me encantaba la serie al grado de que con mi prima jugábamos; ella era Sakura y terminaba siendo Shaoran, Yue o Toya (hermano de Sakura), incluso le hice un papel que simulaba un carta Clow y un báculo mágico, que solo duró 5 minutos por haberlo estrellado contra el piso.

Tristemente dejaron de transmitirla y me quedé sin anime por un buen rato; por suerte Cartoon Network traía su famosa sección de Toonami, en donde  aparecieron series como Samurai X, Gundam Wing  e Inuyasha. En Fox Kids aparecieron Medabots, Shaman King, BeyBlade y brevemente Ranma ½ (la cual terminé de ver completa hace unos cuatro años).

Vi películas como Ghost in the Shell, Metropolis (versión anime), Akira (mi favorita), El Viaje de Chijiro, Mi vecino Totoro, Nausicaa y La Princesa Mononoke; aunque esto fue una mera casualidad, porque mis primos las rentaban o me las recomendaban.

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La verdad es que en los últimos años le he perdido la pista al anime en general; esporádicamente he tenido la oportunidad de ver series como FullMetal Alchemist (que de ser graciosa pasó a depresiva), la loquísima serie de Samurai Champloo, un poquito de Hellsing, una pizca de Naruto y One Piece… ese fue el poco anime que vi en años.

Prácticamente lo último que vi fue la película de Dragon Ball y de ahí perdí el rastro de un estilo de animación que me gusta muchísimo. Inclusive cuando comencé a escribir en El Vortex, prácticamente descarté hablar de anime; ya no estoy al día en lo que acontece hoy en día con este género. Debo confesar que sí me gusta el anime, pero no me considero otaku; no tengo idea de que rayos hablan los demás cuando mencionan a Bleach, Naruto o Shingeki (si es que no me equivoqué).

Así que otakus del mundo, actualícenme y edúquenme en los más nuevo del anime, sáquenme de la ignorancia; porque ¿a poco no es horrible quedarte con cara de “juat” y no saber de qué demonios hablan  los demás? Dejen sus sugerencias en los cometarios y nos leemos la próxima.

Kogami Akira

¿Te atreves a cruzar la línea de El Vortex?

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