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Vale, he de aceptarlo, estaba realmente ansioso por ver la nueva cinta estelarizada por el Sr.Pitt pues he de reconocer que me he vuelto gran devoto de la mayoría de sus trabajos. Cómo olvidar papeles como el del Teniente Aldo Raine en Inglorious Basterds; Mickey O’Neil en Snatch; Chad Felheimer en Burn After Reading; o al lacónico Joe Black en Meet Joe Black por nombrar algunos de sus papeles más representativos. Sin duda, es un tipazo y casi siempre es garantía de una buena peli sin contar algunos churros (Ocean’s 11, 12, 13, 10008000). A todo esto tenía curiosidad y pensé “¿qué es eso de mátalos suavemente?”

Aprovechando que no pagaría mi entrada acepté la invitación a ver Killing Them Softly aspirando a reconfortarme no sólo con la actuación del soon to be marido de Angelina, sino expectante por las buenas críticas sobre la cinta y su director, el australiano Andrew Dominick, responsable de The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford, donde también actuó Pitt. Sin más preámbulos, fuimos muriéndonos suavemente, tanto que para la mitad de la proyección la mayoría de los asistentes ya habían muerto de sueño.

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Y es que a pesar de contar con un guión con una premisa ambiciosa, contiene baches imperdonables a lo largo y ancho de su adaptación, al punto de que las escenas de James Gandolfini como el mafioso Mickey Fallon son tan apáticas como la personalidad frustrada del personaje. Digámoslo, sin más, el filme no da la talla de sus talentos, por el contrario, tanto Gandolfini como Ray Liotta quedaron muy por debajo de la media y esto no es sino un gran problema de dirección, pues las habilidades histriónicas de ambos no merecen escrutinio alguno (recordemos Goodfellas de Liotta o The Sopranos de Gandolfini).

Quizá la mayor disatisfacción personal (no puedo ser objetivo aquí, lo siento) es que la actuación de Brad Pitt pasó sin pena ni gloria, definitivamente no veo a Jackie Cogan sumado a las filas de sus personajes memorables. Ahora que he terminado mi rabieta, bien vale la pena revisar los puntos positivos. A pesar de ser más lenta que el metro a hora pico en día 28, tiene momentos brillantes donde la acción no sólo transcurre, sino estalla. Ver cómo patean el trasero de Markie Trattman (Liotta) es  el momento más crudo de toda la cinta, destacando que esos pocos minutos en pantalla contienen tanta sangre como todo el metraje de una “slasher” tipo Saw.

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Por otro lado, la inserción de discursos políticos en voz de Bush u Obama sirvieron para dar continuidad al metatexto que seguramente Dominick planteó desde el principio para entender el filme contextualizando la crisis financiera del 2008, como se enfatiza, por ejemplo, durante el montaje de la primera escena de una forma particularmente disonante al alternarlo con los títulos sonorizados, manteniendo de inicio una sensación de crudeza y tensión que lamentablemente no perdura salvo en esos pocos momentos de lucidez, intentando emular la misma condición para el desenlace pero tristemente sin la misma suerte.

Con algunos diálogos realmente inteligentes, un soundtrack de primera, una fotografía en veces excepcional y un excelentísimo diseño sonoro (vayan a verla al cine sólo por esto, en serio), se torna enojosa la caída en picada del ritmo, así como la poca empatía hacia dos ladronzuelos cuyas existencias han sido reducidas a su mínima expresión, no más que una fumarola desvanecida a la brevedad y cuyo único instante brillante se limita al robo de un salón clandestino de apuestas. Los lastímeros detalles de la vida de Mickey quedan tan fuera de lugar como la impersonalidad de la interpretación de Pitt, quien aparece por primera vez casi después de la primera media hora.

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Killing Them Softly es en este sentido totalmente aclimática. Si bien su mensaje era desenmascarar o bien confirmar que América no es una comunidad sino un negocio y denunciar la proclive corporativización del crimen como forma de autosustentarse a pesar de las crisis económicas y el crecimiento de la pobreza, carece de consistencia. Su punto de vista es válido tan sólo como un panfleto antinacionalista que intenta abrirle los ojos a los votantes o bien para desilusionarlos (las elecciones en EU fueron el 6 de noviembre y el filme se estrenó hasta el 30 de ese mes en aquel país).

El chiste era hacer ver a los americanos que cada quien se rasca con sus propias uñas y a ningún político le interesa la vida de los ciudadanos. Sin embargo, México lo sabe cuando menos desde la Edad de Piedra (aún cuando no lo parezca), por lo cual no nos aporta nada novedoso ni consistente, parece más bien el simple berrinche de un director de contar una vieja historia adornada con flamantes promesas.

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Resolviendo mi duda sobre el significado del título del filme, Jackie Cogan expresó “…ellos lloran, suplican, ruegan, se mean en sí mismos y lloran por sus madres. Es embarazoso. Me gusta matarlos suavemente. A distancia” y efectivamente disparó una bala que viajó indiferente hacia nosotros durante noventa y siete minutos previendo que pudiésemos rogar por el reembolso de los boletos al salir… ¿y qué creen? Ha fallado.

 Dr. Jabberwocky

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Crítico. Cínico. Excéntrico. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM y editor de 'El Vortex'; devorador de cultura y cazador de sensaciones. Lo único que amo más en el mundo además de ver y oír, es escribir. Soy fanático from hell de la ciencia ficción, el horror, la comedia romántica, los super héroes y las secuencias de acción. Mi mente está hecha de salchicha con mucho chocolate, mermelada, imágenes en blanco y negro y grandes dosis de espías, Lovecraft, Buffy the Vampire Slayer y Doctor Who.