Por Tamashi 

“Es espantosamente obvio que nuestra tecnología

ha superado nuestra humanidad.”

Albert Einstein

A dos años de haber iniciado la segunda década del siglo XXI, nos encontramos inmersos en una sociedad altamente tecnológica. Lo queramos o no, la tecnología ya forma parte de nuestras vidas, pues ha influido sobremanera en nuestra forma de comunicación, de educación y de entretenimiento: desde el Internet y los celulares hasta los juegos en línea, las aplicaciones para móviles, los videojuegos, los e-Books y las tablets. Hoy en día, nosotros los jóvenes tenemos alguna de estas tecnologías, sino es que todas. Incluso los niños de ahora también tienen estos gadgets electrónicos y, a veces, los saben utilizar mejor que los adultos. Por lo anterior, algunos psicólogos y sociólogos llaman a los nacidos a partir de mediados de los años ochenta la generación hi-tech, dado que prácticamente nacieron con una computadora bajo el brazo.

Sin tecnología, no puedo vivir

Como todo, la tecnología tiene su lado oscuro cuando se convierte en una adicción. Ésta se comienza a reflejar en cómo tratamos a las máquinas y cuánto tiempo invertimos en éstas. Por ejemplo, tanta es nuestra convivencia con ellas que llegamos a tratarlas como si tuvieran vida: ¿cuántas veces hemos dicho: “maldita compu, ¿por qué siempre te descompones cuando más te necesito?” (Claro, con palabras más altisonantes) o cuando nos da un mini infarto al no encontrar nuestro celular en el bolsillo del pantalón o en nuestra bolsa. Este comportamiento, para algunos un poco extraño, sólo es producto de una larga relación con las máquinas, ya que hemos convivido con ellas desde nuestra infancia.

Por ejemplo, cuando teníamos alrededor de ocho o diez años (sino es que un poco antes) éramos fans de los videojuegos comenzando por el Atari y el GameBoy hasta llegar al PlayStation 3, XBOX 360, al Wii y a los juegos para computadora como Age of Empires, Age of Mythology y StarCraft. En cuestiones de telefonía móvil, lo cool antes era simplemente tener un celular para poder llamar desde cualquier lado, fuera de casa. Después, la marca, el modelo y hasta el color comenzaron a ser importantes y gracias a los accesorios que se pueden adaptar al teléfono, la gente los ha personalizado de acuerdo con sus gustos y preferencias. Tal es el caso de la funda, el protector de pantalla y sobre todo, del ringtone que suena cada vez que entra una llamada o un mensaje. Más tarde, con las nuevas herramientas de blue-tooth, Internet, cámara fotográfica y video integrada, las aplicaciones tipo “Whatsapp”, “Tango”, “Viber”, entre muchas otras, el teléfono móvil se volvió parte tan importante de nuestra vida, al grado que algunos nos sentimos “raros” si salimos de casa sin él.

Debido a la constante actualización y perfeccionamiento de computadoras, ahora podemos grabar música, videos y comunicarnos con personas de diferentes partes del mundo con tan sólo un simple clic (y con una buena y rápida conexión de Internet). Asimismo, gracias a la tecnología 2.0, podemos crear páginas personales y blogs para compartir fotos, información, comentarios, puntos de vista, memes, videos y aplicaciones con nuestros familiares y amigos, todo de manera gratuita a través de las redes sociales (Facebook, Blogger, Flickr, Twitter, Instagram, Pinterest). No obstante, lo malo de tener tantos medios para expresarnos es que la comunicación se volvió demasiado impersonal, al punto de que ya es poco usual que te llamen por teléfono o te visiten en tu cumpleaños. Con un simple mensaje de “Feliz cumple”, “Happy bday” o “HBD” (ya ni completo lo quieren escribir) les basta. Sad but true.

Doble vida

¿No te gusta tu vida? ¿Te gustaría que fuera mejor? Secondlife.com es la solución. Aquí el usuario inventa una identidad (a través de avatares) y después pasa a ser un “residente”, el cual tiene toda la libertad de participar en ese mundo virtual. ¿De qué manera participan? Hay diversas formas; por ejemplo, puede “trabajar” en una consultoría, en una tienda de ropa, ir a la universidad, practicar la religión que desee, etcétera. Como su nombre lo dice, el usuario se forma una segunda vida, a través del ciberespacio; una vida “perfecta” y aspiracional,  creada a su medida.

“Second life” no es la única vía para crearte una doble vida. Existen juegos como “Los Sim’s” donde te diseñas un avatar también. O más fácil…hay personas que tienen hasta tres perfiles en Facebook y Twitter y en cada cuenta publican cosas diferentes. El mundo virtual se presta mucho al cambio de identidad.

“¿Los androides sueñan con ovejas eléctricas?”

Desde hace algunos años, se busca interactuar con las máquinas más allá de solamente verlas como herramientas de trabajo. Esto ha dado como resultado que la comunidad científica vea la necesidad de crear dispositivos con características humanas, capaces de sentir. Aunque estamos a varios años de poderlo lograr, hoy en día ya existen computadoras capaces de contar chistes y de indicar la hora, fecha y seguir órdenes a través de la voz del usuario, para realizar tareas diferentes. Lo único que faltaría sería poder llevar a cabo una conversación con ellas para sentirnos acompañados.

Los únicos referentes que tenemos de los androides y máquinas altamente superiores al hombre es a través del cine y de libros de ficción, donde generalmente nos presentan un mundo artificial, sin naturaleza, sin luz solar, sin humanidad, pues el hombre se ha convertido en una máquina, un ser totalmente antiemotivo, como se alcanza apreciar en el protagonista de Blade Runner, Rick Deckhard.

Según las premoniciones de los directores de cine y de los escritores futuristas, las ciudades serán cada vez más multiculturales gracias a la globalización; todo lo natural será artificial, desde una pequeña planta hasta un perro, las grandes firmas transnacionales continuarán fomentando el capitalismo salvaje y lo que más preocupante es que las máquinas pasarán de ser simples herramientas a ser el cerebro de un todo (empresas, escuelas, hospitales, naves espaciales). Este fenómeno lo podemos ver en 2001: odisea del espacio, en Yo Robot y en la controversial novela de Orwell, 1984, donde las telepantallas tienen vigilada y controlada a toda la población de Oceanía.

Dejar que una computadora sea el cerebro de un todo puede no ser muy prometedor, ya que existe el riesgo de que ésta llegue a sustituir a su creador o lo que es peor: que se rebele contra él y lo destruya. De por sí las computadoras suelen trabarse o dejar de funcionar cuando tenemos la urgencia de imprimir un trabajo o de realizar una transacción bancaria (más cuando es quincena) y eso que no lo hacen a propósito porque no tienen emociones de resentimiento o antipatía hacia nosotros (a pesar de que a veces no las tratamos bien), sino que sucede por fallas técnicas. Entonces imagínense de qué serían capaces si pudieran sentir y actuar a consecuencia de…

Mientras eso ocurre o no (esperemos que nunca pase), disfrutemos de los beneficios de los avances tecnológicos, sin llegar a los excesos, y, sobre todo, cuidemos al planeta a través del uso de la “tecnología verde” para preservar nuestro medio ambiente.

¡Nos leemos luego!

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