Por Tamashi

“Facebook es como una droga socialmente aceptada.”

Juan Faerman, escritor.

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Facebook se ha vuelto un mal necesario. Hoy en día, para enterarte de eventos, chismes y hasta de oportunidades de trabajo, debes estar al pendiente de tu timeline y de lo que los demás publican. Como dijera un profesor que tuve en la Universidad: “si no estás en Facebook, prácticamente no existes”. True story.

¿Cómo fue que caí en esta red social? Todo empezó en septiembre 2007. Meses antes había conocido a un chico californiano que había ido de intercambio a la facultad donde estudié. Fuimos amigos muy poco tiempo, pero él tenía Facebook y si quería mantenerme en contacto con él, debía sacar una cuenta… y eso fue lo que hice.

Al principio tuve solamente 20 amigos y usaba Facebook para ver el perfil de mi amigo, para hacer tests bobos como “¿qué color eres?” y para ver fotos de una prima que vivía en McAllen. Esta red social se volvió una adicción a medida que mis amigos emigraron de Hi5 y se fueron a Cara Libro. Algunos no querían irse de Hi5 porque Face sólo estaba disponible en inglés y estaba más dirigido a chicos universitarios que al público en general, pero al final todos sucumbieron, (igual que yo). Fue así que la empresa creada por Mark Zuckerberg empezó a volverse tan popular en México, que actualmente somos el quinto país con mayores usuarios, sumando 38 millones de miembros (datos de Milenio Diario).

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De tres años para acá, la obsesión por revisar mi perfil, tomar fotos de todo (hasta de mi comida) con tal de tener qué publicar y actualizar mi estado diariamente con información inútil como “Ah, qué calor hace”, se volvió una rutina. Ya no podía vivir sin estar en contacto con amigos y familiares y ver sus actualizaciones. Incluso, con tal de tener más amigos comencé a agregar a gente desconocida y a compañeros de la prepa y universidad a quienes en mi vida había tratado.

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Sabes que eres adicto a facebook cuando… felizmente mandas solicitudes de amistad a todos en la sección de ‘gente que tal vez conozcas’.

Cuando tuve un ‘Smartphone’, en el cual ya venían las aplicaciones de Twitter y Facebook agregadas, mi adicción se incrementó. Era por default que en cada reunión mirara mi celular “por si tenía una notificación” y más si en ese momento me encontraba saliendo con alguien. De ser adicta me convertí en stalker. Ahí me di cuenta que ya tenía problemas y opté por desactivar mi cuenta… pero no aguantaba ni medio día.

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Me siento más desnuda sin mi teléfono que sin nada de ropa.

Mi ansia por seguir en esta comunidad virtual era más grande que mi voluntad. Hasta llegué a envidiar a quienes tenían más likes y comentarios que yo en fotos y publicaciones… What was happening???

¿Acaso soy la única con esta patología? No. En Italia existen dos clínicas para adictos a Internet y Facebook, donde tratan a personas con problemas de “dependencia ciberrelacional”. Pero nah, eso es para gente muy extrema. “Yo puedo dejar Facebook cuando quiera”, pensé. Es así como decidí hacer un experimento para ver cómo es vivir sin Facebook y Twitter (quería agregar Whatsapp, pero mis jefes se comunican conmigo a través de esta aplicación, so…). Al final, solamente aguanté cuatro días, LOL.

El experimento

Día 1

Gracias a que estuve ocupada casi todo el día, no tuve ansias de acceder a mis redes sociales. Sin embargo, en el transcurso del día, quise informarme más sobre las bombas en el maratón de Boston vía Twitter dado que sigo a varias cadenas de noticias. Lo que hice fue buscar datos en las páginas oficiales de dichas cadenas y ver  noticiarios. Cuando salí del trabajo, tuve ganas de “tuitear”: “No compren teléfonos en (inserte empresa) porque se ponen difíciles para hacerte válida la garantía”, pero no pude hacerlo. Da igual, solamente me siguen 90 personas. Mi queja no iba a cambiar el mundo… pero igual hubiera podido alertar a alguien. You never know…

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Día 2

Como a las 6 de la tarde, un amigo me llamó preocupado: “¿Bloqueaste tu cuenta? ¿Por qué? ¿Qué pasó?” Y yo: “Perdón, es que tenía que terminar mi tesis esta semana y Facebook me distraía mucho”. (En parte es verdad, te odio tesis… ¬¬).

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– Facebook, ¡por favor! ¡Intento estudiar!
– ¡Revísame! ¡Revísameee!

Igualmente, una amiga me mandó mensaje: “No te encontré en Facebook, pero te cuento sobre el trabajo al que quiero aplicar por si quieres entrarle también”. Guau, no imaginé que al segundo día la gente empezara a notar mi ausencia (como si yo fuera tan importante).

En la noche no pude resistirme. Le pedí a mi hermano que me dejara ver su perfil en Facebook y de paso, revisar lo que algunos de nuestros amigos en común habían posteado. Es raro porque publican frases y videos que ni me gustan, pero la necesidad de saber qué onda con ellos me motivó a “estolquearlos” (palabra que proviene del inglés “stalk” que significa “espiar”, “acosar”). ¿Y de qué me sirvió? De nada. Lo mismo de siempre, pero mi ansiedad cesó y pude dormir.

Día 3

Vi un video súper gracioso en Internet que quise compartir, pero una vez más, no pude hacerlo porque no tenía cuenta. Me pregunté: “¿Realmente a todos les hubiera interesado verlo?” A veces pienso que en estas redes sociales circula mucha información poco útil, por no decir basura. Así que gracias a tener mi cuenta inactiva, no contribuí a generar más bazofia cibernética. Bien por mí.

Ese día, más tarde, fui a renovar mi pasaporte. Salí con cara enojada en la foto (me dolía el estómago, llevo días así) y, por lo mismo, tuve ganas de tuitear: “Debí haber sonreído más, salí horrible en mi foto del pasaporte”… pero recordé que no tenía cuenta y me guardé mi comentario. Hasta este punto, me hice consciente que las redes sociales no sólo sirven para chismear, sino también para desahogarnos.

(En ese momento, me vinieron a la mente muchos de mis contactos que viven quejándose y peleándose con la vida en Facebook y Twitter. Al principio, yo les decía: “qué mala onda, amigo (a), ojalá todo salga bien, cualquier cosa aquí ando”; pero después de un rato y de seguir viendo lo mismo, caí en la total indiferencia. La verdad.)

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CONSIGUE UNA VIDA

Día 4

Hubo llamado en foro, por lo cual llegué a mi casa a las 10 pm. Sin pensarlo, reactivé mi cuenta y sentí un ligero alivio al poder ver nuevamente las actualizaciones de mis amigos. Como me había ido muy pesado, no pude evitar postear una queja con respecto a mi trabajo. Sé que mis problemas le importan un cacahuate a la mayoría de mis contactos, pero por alguna razón quise externar cómo me sentía en ese momento y fue reconfortante.

Whatever…

He aquí mis conclusiones sobre lo que observé cuando estuve “desconectada del mundo”:

1) Facebook promueve el voyerismo (algo que ya todo mundo sabía) pues ¿de qué nos sirve enterarnos si el amigo de la primaria tuvo un buen día? ¿o que fulanita se fue de viaje? Una palabra: CHISME.

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Amo mi computadora porque mis amigos viven en ella.

2) Las redes sociales son un espacio de libertad para compartir pensamientos, gustos, experiencias e ideologías. En el día 2 del experimento tuve muchas ganas de escribir un comentario ácido sobre el terrorismo en Estados Unidos para generar polémica entre mis contactos y ponernos a debatir a morir y me dio coraje no poder hacerlo… “en fin, seguro alguien más ya lo hizo y ha de ser trend topic en Twitter”, pensé. Todo esto se resume a que en las social networks la gente (por lo general) busca llamar la atención, ser el spotlight y sentirse superior a los demás (¿quién no tiene un amigo (a) que postea en otros idiomas para hacerle creer a los demás que sabe hablarlos a la perfección? Clásico).

3) Face y Twitter son un lugar para mostrarle al mundo todo (o gran parte) de tu vida como si ésta fuera de interés común. Por ejemplo, ayer quise tomarle miles de fotos a mi mascota y subirlas a Facebook para presumir lo bella y tierna que es, pero recordé que no tenía cuenta… ¿a quién podría mostrárselas? A mi familia tal vez, pero carecía de sentido tomarle fotos si nadie más las iba a ver. En pocas palabras, si no lo puedes compartir/presumir ¿para qué hacerlo?

4) Estas redes sociales nos ayudan a buscar la aprobación, retroalimentación, apoyo y ánimo de los demás… ¿cuántas veces hemos visto que una chica pone: “ay, en esta foto salí espantosa” para que todos le digan: “no es cierto, eres muy guapa”? ¿O la amiga que actualiza su foto de perfil diariamente con poses muy sexies? Como diría mi amigo Julio: “Facebook sólo sirve para rendir culto a nuestra personalidad”. Sí, chavos. Facebook y Twitter son una pasarela de egos. Sépanlo.

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– ¿Esto es para tu portafolio de modelaje?
– No, para mi perfil y album de Facebook.

Y finalmente, pero no menos importante…

4) Catarsis. Sí, Facebook y Twitter son como ir a terapia: externas tu problema y todos tus amigos van en tu ayuda. Te escriben comentarios motivacionales o te postean canciones o frases filosóficas. ¿Quién no se ha quejado alguna vez en estas dos redes sociales?

Bueno, sí…¿y luego?

Sé que después de leer esto van a seguir entrando a estos dos foros virtuales porque son adictos (como yo) o porque les gusta interactuar en ellos, ya sea por costumbre, necesidad o placer. Después de todo, las redes sociales tienen sus lados positivos. Por ejemplo, cuando solicitamos ayuda para un familiar, FB y Twitter son idóneos para conseguir auxilio de nuestros contactos. Lo mismo pasa cuando queremos saber de alguien que hace muuuuuchos años no vemos y para enterarnos de noticias, convocatorias, eventos, talleres y concursos. No obstante, pasar demasiado tiempo en estos espacios no resulta muy productivo ni saludable, puede que algún día terminen así:

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Por ende, reflexionen un poco todo lo expuesto líneas arriba, igual y les es útil.

Si se han sentido identificados o quieren compartir sus experiencias, no duden en dejar sus comentarios aquí abajo.

 Por cierto, ¿alguna vez han intentado vivir sin Facebook?

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