Desde que la tecnología se ha vuelto parte fundamental para nuestro día a día (y si no me creen chéquense el home office y la home school de los dos últimos años), nos hemos olvidado un poco de la interacción entre seres humanos más a allá de las pantallas. ‘Ron da error‘ es una clara crítica al uso excesivo de la tecnología y lo peligroso que puede llegar a ser.

Ron da Error no es sólo para niños

Sabemos que una película animada no necesariamente significa que ésta sea para un público infantil (¿verdad, ‘La fiesta de las salchichas‘?), pero también sabemos que el que una esté dirigida a niños no significa que no pueda tratar temas serios o profundos como la depresión en ‘Up’ o sobre dejar ir en ‘Toy Story 3′. Sin embargo, ‘Ron da error’ va mucho más allá y critica todo lo que puede criticarse al mundo tecnológico en el que vivimos hoy por hoy.

Comencemos con lo obvio, una clara parodia a Apple con Bubble Company, su CEO, Andrew, encarnando al fallecido Steve Jobs. La presentación de un objeto de alta tecnología que no necesitas, pero que te aseguran que cambiará tu vida y que será claramente costoso, demasiado costoso.

Pero, si nos ponemos especiales, la crítica más dura que la película hace al mundo tecnológico se encuentra en los B-bots, los pequeños robots destinados a ser tu mejor amigo que saben todo sobre ti por lo que haces en internet.

¡HEY! Pero si crees que esa es la peor parte, te equivocas: aún queda otra cosa igual de impactante: Los B-bots se utilizan para espiar a sus usuarios… Cualquier parecido con la más reciente controversia relacionada con Alexa, la asistente virtual de Amazon, es mera coincidencia ¿verdad?

Estos temas los entendemos y nos preocupan al público adulto; al público infantil puede no parecerle relevante o peligroso que, por ejemplo, una gran corporación, a través de tu mejor amigo virtual, pueda espiarte y saber todo sobre ti por tu huella digital.

Todos estamos solos

Creo que una de las cosas que más nos debería poner a reflexionar la película es la soledad en la que vivimos gracias a la tecnología, pues hemos dejado de interactuar poco -o mucho- en persona, y nos preocupa más la cantidad de followerslikes y comentarios que puedan tener nuestras publicaciones que poder acercarnos a las personas que nos rodean en la vida real.

La viralidad de una persona y la popularidad que podría cosechar gracias a eso no significa, de ningún modo, que sea feliz o que pueda contar con la ayuda de todos esos seguidores. Tener o aspirar a la vida de Savannah (una aspirante a vlogger y compañera de clase del protagonista) puede sonar bien: tienes fama, seguidores, gente que dice quererte, hasta que cometes un error y terminas humillándote mundialmente… recuerda, el internet no perdona y la fama no es tan buena como creemos.

Al final, el mensaje que esta película da es que no importa cuán grandes sean nuestros números en internet, podemos estar completamente solos y no ser capaces de darnos cuenta de esa soledad porque importan los números más que las personas. Un mensaje bastante crudo para una película para niños.

¿Y el error de Ron?

Bueno, ya hablé de los peligros que la película nos dice que puede significar una vida completamente inmersa en la tecnología (ojo aquí, METAverso), pero no he hablado de los dos protagonistas de la cinta.

Barney y Ron son la prueba de que necesitamos salir de nuestra burbuja tecnológica y abrazar las cosas que podemos abrazar, las cosas tangibles, ésas que nos rodean y que no están al otro lado de una pantalla.

Barney es un niño huérfano de madre, cuyo padre trabaja todo el tiempo para poder darle una vida digna a su hijo, pero que, por la falta de tiempo, no conoce a su hijo, no sabe qué es lo que realmente le gusta, qué desea y qué le hace feliz, ni siquiera sabe que su hijo no tiene amigos. Barney también vive con su abuela paterna, una señora de edad avanzada con ideas arraigadas en la Rusia comunista.

Ron es un B-bot defectuoso que nunca tuvo el algoritmo del “mejor amigo recién sacado de la caja” que lo volvería el mejor amigo de su dueño. Ron, en palabras de Savannah, es un inútil porque no puede hacer todo lo que un B-bot normal y funcional puede y debe hacer.

Con todo y la disfunción de ambos personajes y su nula capacidad para hacer amigos, logran entablar una amistad. Barney le muestra a Ron lo que un amigo, uno de carne y hueso, debe hacer para iniciar y mantener una relación de amistad, relación que siempre es cosa de dos.

Pese a la incapacidad de Ron de ser el “mejor amigo recién sacado de la caja”, logra saber todo de Barney, incluso cosas que él nunca le había dicho, y hasta le salva la vida pues desarrolla un código que ningún programador habría podido compilar con éxito: la amistad verdadera. Que Ron nunca pudiera conectarse con la red de Bubble lo volvió lo que su creador, Marc (ignoro si esto fue para parodiar a Zuckerberg, pero no lo dudaría mucho), tenía pensado desde el principio para B-bot.

La amistad puede llegar en cualquier formato, tamaño y material, sólo hay que levantar la vista de la pantalla, salir del mundo tecnológico y mirar a nuestro alrededor, quizá nos reencontremos con nuestro viejo amigo del kínder, aquél que dejamos de ver hace tanto, pero con quien aún tenemos mucho más que 15 amigos en común en Facebook.

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