POR LUCY “HIKARI” MIGUEL***

Todos hemos recordado, al menos una vez, algún pasaje de nuestra vida gracias a una canción; quienes son más receptivos, sensibles o a aquellos a los que les gusta crear una película de su vida, encontrarán incluso todo un repertorio con el que puedan adornar cada experiencia o momento vivido.

Seguramente en este instante no recuerdes todas las canciones que han marcado tu existencia o, tal vez, ni siquiera te habías dado cuenta de que cada acción que ejecutabas bien podía estar acompañada de alguna melodía. Sin embargo, si eres de la generación de 1988-1989, una antes o una después, estoy segura de que hubo una banda sonora que también marcó tu transición de niño a puberto-adolescente y que, después, te tiró en la cara tu edad y te hizo reconocer que 10 años no pasan en vano.

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El revuelo causado al inicio del nuevo milenio por una historia ya plasmada en los libros, pero que no había atrapado a tantos niños como lo hizo con la aparición de su producción fílmica, marcó no sólo un éxito mundial, sino también la identificación de la generación de pubertos y adolescentes del momento con personajes que, aunque eran mágicos, estaban pasando por la misma etapa y era posible experimentar una catarsis real.

Ver el crecimiento de los actores y los personajes de Harry Potter en cada una de sus entregas fue para muchos el desahogo de la incomprensión, la lucha para mantener la magia dentro aunque físicamente desaparecieran los niños que éramos, y, lo mejor de todo, es que había tanto en común entre unos y otros que no hacía falta conocerse entre sí para identificar a aquellos fanáticos con gustos similares.

Más allá de toda una trama de duelo, amistad, competencia y hasta amor, lo que también nos cautivó de toda esta saga mágica fue la música detrás de cada escena, melodías tan características que es imposible olvidar que fueron parte de nosotros por muchos años: alimentaron el drama, la acción, la tristeza y el buen humor; le dieron forma a nuestras propias experiencias e incrementaron sus emociones.

Y es que no me dejarán mentir cuando digo que la banda sonora de Harry Potter realmente marcó una etapa para muchos: 10 años de trabajo para mantener música en tus oídos, en tu mente y que pudieras recordarlas con tanta facilidad, además de darle un giro en cada nueva entrega para evitar el aburrimiento o caer en la monotonía de presentar lo mismo una y otra vez.

Harry Potter y la piedra filosofal, Harry Potter y la cámara de los secretos, Harry Potter y el prisionero de Azkabán, con composiciones a cargo de John Williams y orquestadas por Conrad Pope y Eddie Karam, nos rememoran los primeros años de la ilusión y la emoción por la historia, del primer y más grande amor platónico de muchos y muchas, y de la elección de cada uno para pertenecer a una de las cuatro casas de Hogwarts.

Luego llegó Harry Potter y el cáliz de fuego, la música a cargo de Patrick Doyle, nuevos personajes, nuevos sentimientos, y la búsqueda de mayores similitudes con los libros, de que los directores y guionistas ya no omitieran lo importante.

Con Harry Potter y la Orden del Fénix todos dejamos de ser niños, nos involucramos en el dolor de los personajes, en sus angustias, y nos comían las ansias por ver cómo resolvían el conflicto del que ya conocíamos la solución. Las melodías y canciones compuestas por Nicholas Hooper le dieron el toque perfecto para emocionarnos (o desilusionarnos).

El final se anunciaba muy cerca con Harry Potter y el príncipe mestizo, la música nuevamente a cargo de Nicholas Hooper nos llevó a ser más íntimos con los personajes.

Por último, las dos partes de Harry Potter y las reliquias de la muerte, ambas con música de Alexandre Desplat y Conrad Pope, nos anunciaron el término de una etapa donde no se nos permitió perder los poderes ni dejar de sentirnos seres mágicos.

Probablemente Harry Potter no siempre nos sorprendió con el guión, tal vez en algunas películas nos quedó a deber, quizá nos volvimos un público exigente, pero éramos fieles espectadores porque destacó por los efectos visuales, por sus actores y, por supuesto, por esas melodías que siempre sonarán en nuestra cabeza y nos recordarán que decidimos creer en un mundo donde la magia es verdadera.

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