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Por Dr. Jabberwocky.

El conflicto norcoreano ha ido en aumento durante las pasadas semanas dadas las actitudes beligerantes y el despectivo talante del “estimado camarada” Kim Jong-Un, líder supremo de Corea del Norte. Desde que la guerra entre las Coreas llegara a un armisticio en 1953, el cisma entre ambos territorios fue más profundo si lo comparamos con el rol de las dos Alemanias a lo largo de la Guerra Fría. Si bien Corea del Norte no representaba una amenaza de cuidado hace veinte años, el progreso tecnológico impulsado por la política bélica del Imperio comunista (así como lo leen) ha hecho que la zona limítrofe con la frontera de Corea del Sur y el mar de Japón siga siendo ocupada por la famosa policía del mundo.

Era sólo cuestión de tiempo para que Hollywood comenzara a perfilar su papel exageradamente pro-nacionalista dentro de un clima internacional tan inestable como ahora, sobre todo tras haber demostrado bélica y mediáticamente su preponderancia sobre la gran mayoría de regímenes islámicos ultra conservadores y sus células paramilitares a quienes desde 2001 se les ha etiquetado como “terroristas”.

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Desde siempre el cine norteamericano ha orquestado una cacería de brujas en busca de quien atente contra el American Way of Life, aprendió muy bien de los usos y costumbres propagandísticos que Goebbels inculcó a los realizadores durante el régimen nazi. La más reciente cinta de Antoine Fuqua, Olympus Has Fallen (Olimpo bajo fuego en México) da prueba de ello. Fuqua, quien tiene unos 21 años en el negocio, ha demostrado ser capaz de presentar cintas de acción de cierta calidad, como se puede apreciar en su dirección de las cintas Rey Arturo con Clive Owen y Keira Knightley; y Día de Entrenamiento, la cual le valió un Oscar a Denzel Washington en la categoría de Mejor Actor por allá del 2001. Olympus Has Fallen no mengua en dicha calidad pero tampoco la supera, en todo caso sirve de oxígeno para avivar el odio internacional.

El filme es en verdad entretenido, tenso, en ningún momento baja su ritmo y su narrativa es muchísimo más sólida si se compara a la de otras cintas, aunque los efectos especiales no sean su fuerte. De hecho me he puesto a meditar al respecto sobre cintas de acción con presidentes entre los personajes, como es la reciente G.I. Joe: Retalliation. Ambas son políticamente incorrectas, sin embargo la cinta de Fuqua mantiene una sucesión de eventos congruentes que aunque descabellados son justificados en la trama, cosa que en G.I. Joe se limitan a sacar artilugios de la manga.

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Al conocer la trama e incluso al ver el tráiler resulta imposible no decir “¿Ah, te cae?”, sin embargo al estar en la sala es imposible no sumergirse en el largometraje, olvidando cualquier prejuicio habido. En corto, la cinta va del ataque a la Casa Blanca por parte de terroristas norcoreanos extremadamente organizados que logran penetrar el lugar más seguro del mundo, y una vez dentro planean destruir el mundo, o al menos el mundo capitalista… ¿Suena estúpido, no creen? Pero créanme, es inútil ponerse rejego, la cinta es en sí muy disfrutable si caemos en cuenta que se trata de un símil moderno del Caballo de Troya.

Gerard Butler interpreta a Mike Banning, ex miembro del 75° Regimiento Ranger y agente del Servicio Secreto relevado tras ser incapaz de salvar a la esposa del Presidente en un accidente automovilístico. El Presidente Ashton, interpretado por Aaron Eckhart, intenta procurar la relación con su hijo mientras lucha por dirigir al país más poderoso del mundo. Si es que había dudas todavía, Butler logra consagrarse como héroe de acción en esta cinta en la cual logra lo que ningún otro patriota militar o del servicio secreto pudo durante dos horas, entrar a la Casa Blanca y matar él solo a todos los hombres que asesinaron a cientos de agentes.

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¿Qué lo hace tan especial entre todos los demás agentes y policías que juraron proteger a su país y fallaron? No tiene habilidades sobrehumanas, menos la tendencia a seguir las órdenes de sus superiores. Realmente no hay que pensarlo mucho. Su motivación es la redención, su vehículo la culpa y su ventaja el sentido común. A la hora de los madrazos golpes, el agente Banning resulta preparado para pelear contra coreanos con habilidades en artes marciales al puro estilo gangnam.

El grupo armado que logró matar a cientos de agentes y penetrar hasta el búnker del Presidente, ubicado en la profundidad del lugar más seguro del mundo, es derrotado en cuestión de horas por un badass musculoso que gusta de clavar puñales y matar enemigos con un busto de Abraham Lincoln, ¿ridículo? Puede ser.

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Por su parte, Eckhart entrega una actuación pobre a la hora de representar al hombre más poderoso del mundo, el cual termina siendo la damisela en peligro dada la improvisación de un carácter que intentó tener temple y devino en alguien tan humano que resulta patético. Hollywood nos ha presentado incontables veces la supremacía norteamericana y tan sólo unas cuantas cometen el error de autocancelar su statement al mostrar lo sobrevalorados que se tienen a sí mismos, así como ese innegable exceso de confianza y la arrogante impulsividad tan característica de su sociedad, la cual en vez de ser una fortaleza termina siendo una brecha por donde se dan constantes filtraciones de seguridad.

Cuando Estados Unidos ha demostrado ser un panóptico mundial y su inteligencia nos ha hecho sentir casi carentes de privacidad, eventos como el 11 de septiembre de 2001 o los acontecimientos ocurridos en el maratón de Boston la semana pasada dan pie a pensar que hay puntos ciegos en ese sistema con aires de perfección, lo cual es más un talón de Aquiles que un área de oportunidad. El que un avión se estrelle en Washington no es tan descabellado después de todo, el Pentágono es testigo de ello y ¿dónde estaban sus cazas cuando debían interceptar la aeronave sobrevolando un espacio aéreo restringido?

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Al respecto han habido cintas que han explotado brillantemente esta característica, unas con mejor suerte que otras, como Air Force One (1997), en donde el avión del presidente Indiana Jones es secuestrado por terroristas (aunque afortunadamente Han Solo termina como el presidente héroe que salva el día); caso similar pero menos afortunado fue Vantage Point (2008) en la cual el Presidente norteamericano sufre un atentado en una cumbre en España y es tarea del agente Barnes (Dennis Quaid) hacer lo que Gerard Butler en Olympus; otro punto de referencia lo marca Salt (2010), en la cual una agente rusa de la KGB (Angelina Jolie) se infiltra en el gobierno de E.U. y llega hasta el mismo búnker del presidente, mas no para matarlo, sino para evitar un cataclismo nuclear, trama que sin duda ha inspirado a series de TV como Homeland, la aclamada The Americans y cualquier parecido con la nueva peli de Roland Emmerich, White House Down, es mera coincidencia

Si bien el terrorismo es el tema favorito de la meca del cine, las líneas entre este tópico y una nueva y posible Guerra Fría a escala desencadenada por los dimes y diretes entre Estados Unidos y Corea del Norte podrían tener repercursiones de proporciones variables para el futuro de la humanidad, algo que ni siquiera es puesto de relieve en los diálogos triviales del guión de Olympus. Con las constantes amenazas del país asiático y los recientes atentados en Boston, se ha reanimado una cacería de brujas no sólo viable, sino exigida por una sociedad paranoica que vive de devorar productos como Olympus Has Fallen, que aunque predecible, llena de clichés y con una trama con el talón de Aquiles del vecino del norte a flor de piel, finaliza con el enaltecimiento del patriotismo norteamericano, cosa que ni en sueños ocurriría en una cinta mexicana.

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El error norteamericano es pensar que el enemigo número uno de sus detractores es el Presidente, de ello que todas las películas de ésta índole terminen siendo repetitivas y Olympus Has Fallen no es la excepción. El terrorista Kang Yeonsak (Rick Yune) piensa que destruyendo América las condiciones norcoreanas cambiarán y esa idea es típicamente gringa, por no decir que tanto guionistas como terroristas son en verdad miopes. Ese Imperio Yankee tan vapuleado por los regímenes comunistas como el de Corea del Norte, no recae en un gobierno ni en un jefe de estado, sobre todo cuando su calidad fundacional ha sido capitalizada por corporativos y banqueros de todo el mundo, no tanto por políticos.

Ahora, si tanto nos quejamos del imperialismo yankee presentado en el cine ¿por qué seguimos viendo este tipo de cine? Simplemente porque para el público mexicano no existe otro punto de referencia nacionalista. En las pocas producciones cinematográficas mexicanas que intentan exacerbar el valor patriótico, el teatrito se cae al ser copia de cualquier filme de acción hollywoodense. ¿De verdad queremos y estamos dispuestos a dejar de consumir este tipo de cine? Podemos cerrarnos o no, mas lo ideal es apreciar el cine, ser críticos y aún así disfrutar lo que el séptimo arte nos ofrezca, he allí la vicisitud de llegar al punto zen cinematográfico donde reside el balance perfecto. Olympus Has Fallen deja una valiosa, aunque poco creíble lección a los detractores de aquel país: Nadie se mete con el American Way of Life y se sale con la suya… al menos en la vida real.

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Crítico. Cínico. Excéntrico. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM y editor de 'El Vortex'; devorador de cultura y cazador de sensaciones. Lo único que amo más en el mundo además de ver y oír, es escribir. Soy fanático from hell de la ciencia ficción, el horror, la comedia romántica, los super héroes y las secuencias de acción. Mi mente está hecha de salchicha con mucho chocolate, mermelada, imágenes en blanco y negro y grandes dosis de espías, Lovecraft, Buffy the Vampire Slayer y Doctor Who.