MRD EDDIE RIVERS |

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A lo largo de los años hemos sido fanáticos del mundo del cómic y siendo sinceros, nos hemos abocado a idolatrar sobremanera los cómics estadounidenses y sus personajes: Batman, Superman, Spider-Man, los Vengadores, las Tortugas Ninja, Spawn, etcétera; solo por poner algunos ejemplos.

Pero se han preguntado alguna vez qué pasa con los productos nacionales. No desesperen más, ya que en esta ocasión les traeré varias entregas sobre la historia de los comics en nuestro país.

Para empezar, hay que remontarnos en la historia de México. Recordemos que los antiguos Mayas, Mexicas (Aztecas), Olmecas, Mixtecos, Teotihuacanos y muchas culturas prehispánicas, plasmaban en los muros de los templos varias anécdotas con su visión del mundo.

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Varios de estos murales, incluso si se ven de cierto ángulo, pareciera que dan la sensación de movimiento. Por otro lado, también existen los códices en los cuales se narraban las historias que les parecía más importante recordar, o los mitos que regían la mentalidad de estas culturas en ese momento.

Avanzando un poco más hacia el siglo XX, en la época de la Revolución Mexicana (1910-1921) aparecieron los llamados caricaturistas. Estos personajes eran meros dibujantes de caricaturas políticas que se mofaban de personas como Porfirio Díaz, Pancho Villa, Francisco I. Madero o también de cosas como la muerte, en el caso de José Guadalupe Posada.

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Pero no fue sino hasta los años 40 que México se consideró como un semillero importante para el desarrollo de talentos. En un principio los dibujantes se dedicaron a retratar la situación que vivía nuestra sociedad, a través de un humor muy inocente, en obras como “La Familia Burrón”, en la cual Gabriel Vargas presenta consistentemente una crítica humorística sobre la sociedad mexicana y sus cualidades, desde la perspectiva de una familia de escasos recursos. Los Burrón son una típica familia de clase baja que vive en una vecindad en la Ciudad de México. El jefe de familia, don Regino Burrón, es peluquero de profesión y sustento de toda su familia, incluyendo al perrito Wilson.

Esta historieta resistió durante setenta años los embates de los cómics extranjeros hasta que en el 2009, se editó el número 1616 que dio fin a las aventuras de la familia más divertida del Distrito Federal.

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Por la misma época en la que salio la familia Burrón, apareció un gracioso chico de raza negra llamado Memín Pinguín, creado por Yolanda Vargas Dulché y Sixto Valencia. Memín era un estudiante regular de tercero de primaria, que por un lado era un muy travieso, y por otro su corazón de oro salía a relucir. Hoy en día, ha sobrevivido a la ola de cómics estadounidenses y se puede encontrar en muchos puestos de periódico.

Este simpático chico llegó a ser una lectura obligada en muchas escuelas de Filipinas y actualmente se sigue editando; incluso hace algunos años se lanzó una línea de sellos postales con su imagen,  para conmemorar el aniversario de su publicación y siendo fuertemente criticados por la embajada de EUA al considerarlos “un mal estereotipo” de la raza negra, calificándolos de racistas.

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Los Súpersabios de Germán Butze, el muy polémico Libro Vaquero y el súper especial de luchas, son ejemplos de que siguieron esta tradición mexicana que no debemos olvidar. En la próxima entrega les hablaré de personajes como Kaliman, El Santo, El Pantera, entre muchos otros.

¡No se pierdan la próxima entrega de este especial sobre los cómics mexicanos!

¿Te atreves a cruzar la línea de El Vortex?

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