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Este jueves comenzó a ser transmitida en Latinoamérica una serie muy peculiar llamada The Following, la cual se ha vuelto un hitazo en EU con tan pocos episodios e imaginen mi emoción al saber que la pasarían por Warner Channel. Perdónenme pero soy un purista, siempre he pensado que “al César lo que es del César y a la TV lo que es de la TV”, eso de ver series online no es lo mío (salvo por Doctor Who y repeticiones de Sex and the City).

Ver muertos es muy natural. No hablo de ‘ver gente muerta’, sin embargo hacerse a la idea de tener una programación libre de asesinatos y muertos es sumamente difícil de concebir. Es parte de una costumbre que adoramos y por ello mantenemos estándares altos de acuerdo a la complejidad de las tramas y la psicología de los personajes y sus acciones.

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CSI: Crime Scene Investigation, Dexter o American Horror Story: Asylum son sólo algunos de los hitos televisivos contemporáneos que han marcado dichos estándares al nutrirse de los asesinos más grandes del cine y la literatura. Aquí es donde el perfil de The Following encaja en el molde perfecto de nuestro descarado y desgastado Prime time, en el cual no hay nada verdaderamente revelador (y no, ni siquiera las carnes al aire de Game of Thrones se escapan de este juicio).

He de confesar que el piloto me ha atrapado lo suficiente para mantenerme atento con tal de probar cuán malpensado soy. Aún puede haber un giro de tuerca que haga palidecer al de Henry James, lo sé gracias a Stieg Larsson, quien me ha dado tal sorpresa con su trilogía de Millenium como en su momento hizo Thomas Harris con El silencio de los inocentes, ¿o será que estoy pecando de ingenuo… otra vez?

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La trama va de lo siguiente: cuando el carismático Dr. Joe Carroll (James Purefoy) escapa de prisión tras ser encerrado por haber asesinado a catorce estudiantes mujeres hace varios años, es labor del ex-agente del FBI, Ryan Hardy (Kevin Bacon), atraparlo antes de que este concluya un trabajito pendiente. Lo brillante del asunto es la distracción que dicha premisa causa de antemano.

Por un lado tenemos a un asesino vanagloriado por la maestría de sus evisceraciones y vivisecciones, un romántico que intenta emular la repetitiva fórmula legada por Edgar Allan Poe. Por el otro está un ex-agente que lejos de ser la viva encarnación de Auguste Dupin, Sherlock Holmes o Hercule Poirot, deja entrever a un hombre desequilibrado e incapaz de retomar su vida tras los eventos de su último encuentro con el asesino.

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Pese al aparente balance entre estas fuerzas que se disputan el triunfo, el gran gancho del show estriba en la razón de su título. Efectivamente The Following remite a una especie de culto por el asesino serial, en este caso Carroll, cuyo fandom mundial en la red le permite predicar con el ejemplo y cual apóstol hacer del dichoso arte de asesinar en su nombre, un evangelio para las nuevas generaciones.

Esta excelente idea se la debemos al creador Kevin Williamson, responsable de escribir la slasher más notable de los 90, Scream. Si bien ésta última ya había planteado el culto a las cintas de horror y la idolatría a los asesinos seriales como fuente de inspiración mimética para algunos psicópatas (el efecto copycat), es hasta ahora que se aprecia la madurez del paradigma, pues aunque la televisión nos ha ofrecido una gama de productos complejos en este tema, el Internet y las redes sociales han contribuido más a la consolidación de psiques retorcidas y a la accesibilidad de contenidos violentos.

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Pese a ciertos momentos fácilmente predecibles en el guión, el piloto nos recuerda por qué la programación está atiborrada de tramas de suspenso y asesinatos en las cuales las innovadoras técnicas de investigación forense o la recreación de los homicidios, sean en contenidos documentales o de ficción, son más populares ahora que hace treinta años. No es sorpresa que como espectadores, poco a poco encontremos cierta fascinación con Charles Manson (cuyo culto ha servido de inspiración para el show) o Ted Bundy, como Thomas De Quincey profetizó en Del asesinato considerado una de las bellas artes hace casi 200 años.

El cine y la T.V. (más que la literatura) han hecho que encontremos en estos “villanos” algo admirable y mesmérico desde una apreciación masiva, si me equivoco díganme que Hannibal Lecter no es uno de los personajes más increíbles jamás creados o que no extrañarán Dexter tras su salida del aire y es esto exactamente lo que hallamos en la caracterización de Purefoy como el romántico Dr. Carroll.

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En este punto de trivialización de las muertes nos hallamos frente al culto (quizá sobrevalorado) al asesino serial y a las investigaciones forenses. Si The Following consigue destrivializar la pérdida de un ser humano sin caer en la cursi sensiblería en torno a la muerte y promueve una ubicación más realista sobre la muerte, entonces podríamos hablar de que el asesino serial ha bajado del cielo para encarnarse entre lo más miserable de la humanidad, lo cual es muy poco probable, pues mientras el espectáculo devocional siga vendiendo, la redención de las víctimas sólo tendrá valor para el negocio de la fe, si no ¿de qué se llenan los panteones? No sólo de muertos, sino de mucho dinero.

No olviden ver The Following todos los jueves 21:00hrs por Warner Channel.

Dr. Jabberwocky

 

 

 

 

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Crítico. Cínico. Excéntrico. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM y editor de 'El Vortex'; devorador de cultura y cazador de sensaciones. Lo único que amo más en el mundo además de ver y oír, es escribir. Soy fanático from hell de la ciencia ficción, el horror, la comedia romántica, los super héroes y las secuencias de acción. Mi mente está hecha de salchicha con mucho chocolate, mermelada, imágenes en blanco y negro y grandes dosis de espías, Lovecraft, Buffy the Vampire Slayer y Doctor Who.