SAMMAEL|

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No todo lo rosa en San (Marketing) Valentin debe ser dulce, a veces los sueños más deliciosos traen consigo dolor. Disfruten este pequeño relato (por lo general, sólo me dedico a la fotografía, pero en esta ocasión dejé salir al escritor) y recuerden siempre decir lo que sienten.

Ella ha estado conmigo desde que éramos niños, siempre jugábamos juntos como si fuéramos hermanos, aunque sólo éramos vecinos. Salíamos a jugar al parque que estaba cerca de donde vivíamos; aún recuerdo tantas travesuras que hicimos cuando niños… sólo nos importaba divertirnos, no pensábamos en otra cosa más que en jugar juntos, siempre juntos.

El tiempo siguió su marcha y ambos crecimos, pero a diferencia de muchos amigos que se habían ido alejando, nosotros nos unimos aún más, pareciera que algo nos obligaba a estar juntos, y nosotros no hacíamos mucho para resistirnos; no lo negaré, estar con ella era la mejor forma de pasar el tiempo, siempre teníamos algo interesante de qué hablar o hacer.

Aunque vivíamos relativamente cerca el uno del otro, nos tuvimos que separar por cuestiones escolares, pero sólo estábamos separados físicamente porque las ventajas tecnológicas nos permitían estar comunicados siempre. Así me enteré que un chico le gustaba, fue la primera vez que me sentí celoso, como si esas palabras me estuvieran quitando algo que sólo era para mí.

La siguiente vez que la vi, decidimos ir al parque donde jugábamos cuando éramos niños. Yo aún me sentía dolido, pero no lo demostré, su ternura y alegría hicieron que se me olvidara todo lo relacionado con aquel chico que le gustaba. Corrimos, saltamos, reímos, nos caímos, justo como cuando éramos niños, el tiempo voló…

Ella tomó un girasol y comenzó a arrancar sus pétalos, jugó al “me quiere, no me quiere” y al final sonrió y me miró fijamente a los ojos… -“¿Sabes…? Hacía mucho que quería decirte un par de cosas”- me dijo dulcemente -“cuando nos dejamos de ver fue cuando en verdad me di cuenta de lo especial e importante que eras para mí. Me di cuenta de cuánto me gustas y me gusta estar a tu lado”- su confesión me dejó sin palabras, pero no me dejó decir nada, me besó con ternura y rodeó mi cuello con sus brazos.

Yo me sentí como en un sueño, un SUEÑO de color ROSA, un sueño de amor, todas las dudas se disiparon y sabía que podía corresponder a todo lo que ella sentía por mí, pues yo también sentía lo mismo. Aquella tarde fue la mejor de lo que llevaba de vida. Después de pasar el resto de la tarde juntos, la acompañé a su casa, me despedí de ella con un beso y le susurré al oído un suave y dulce TE AMO. Ella se sonrojó y sus ojos brillaron cual estrellas.

Al día siguiente, no tuve un solo mensaje de ella en todo la mañana, pensé que estaría ocupada con la escuela. Cuando salí de la escuela me dirigí a su casa, pasé a comprar un ramo de girasoles para regalárselos. Cuando llegué, me encontré a su madre. Le pregunté por su hija, me vio a los ojos y se soltó a llorar. Su hija no había logrado sobrevivir a la cirugía a la cual se había sometido la noche anterior, a sólo unas horas de haberla dejado en su casa. Yo estaba en shock; no lo podía creer, su madre me confesó que ella no me quiso decir nada por temor a preocuparme, pero quiso decirme lo que sentía antes de entrar al quirófano, pues no se quería quedar callada, quería que supiera…

Los girasoles los llevé al día siguiente a la tumba de aquella chica que convirtió aquella tarde en un SUEÑO ROSA, aún recuerdo ese día con algunas fotografías…

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