We can be heroes
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“We can be heroes”: el despliegue de un estilo cansado

We can be heroes fue otra de esas cintas que se estrenaron, cuál si fueran regalo de navidad, el pasado 25 de diciembre y hoy quiero hablarte un poco de ésta cinta.

Si tuviera que usar una sola palabra para definir a Robert Rodríguez como director y creativo, ésta seria “Osado”. Y es que el adjetivo le va como anillo al dedo por ser uno de los cineastas más independientes en toda la industria del cine americano.

Ningún otro director va tan lejos como él para sacar adelante un proyecto y su pragmatismo es tal que no necesita ni siquiera de una claqueta —la pizarra que se coloca frente a la cámara para contar las secuencias— para rodar si ello le representa un coste innecesario (en sus propias palabras).

Ni Jim Jarmusch, Spike Lee o Kevin Smith hacen lo que Robert Rodriguez logra en un día.

Desde luego que sus películas son más pensadas para el entretenimiento inmediato que para un ejercicio reflexivo (aunque Alita podría ser un poco de excepción a esto…) pero es indiscutible que su pericia técnica es objeto de envidia.

Él es su propio editor y por ende ya está completada la post-producción casi al último día del rodaje; se sabe que el resto de efectos especiales los trabaja desde el garaje de su casa y como novedad ha sabido disimular sus resultados con la ignominiosa pantalla verde en estos últimos años.

Además, como último sello particular (y que no podía faltar en esta ocasión) es su tendencia a tener como colaboradores más próximos a sus hijos Racer, Rebel y Rocket Rodriguez… Ya que, por curioso que parezca, fue gracias a este conjunto que pudimos tener Las aventuras de Sharkboy y Lavagirl que fue un gusto culposo en la infancia de muchos.

Fue todo el encanto que dejaron sus anteriores películas el mayor aliciente para seguir a su último trabajo pero cierto es, que We can be Heroes solo recicla ideas que funcionaron hace mucho, sintiéndose así ajena, tambaleante y muy insegura.

Y ahora pareciera que Rodríguez ha ido olvidando cuál ha sido el activo más valioso que poseía y del que aseveraba, soluciona más cosas que el dinero: la creatividad.

We can be heroes: la batalla es poder terminarla

“Cuando unos extraterrestres secuestran a los superhéroes de la tierra, sus hijos son puestos en una casa de seguridad gubernamental. Pero la avispada pre-adolescente Missy Moreno no se detendrá por nada para rescatar a su padre: el superhéroe Marcus Moreno.

Missy trabajará en equipo con el resto de superniños, para escapar de su institutriz del gobierno, la misteriosa Ms. Granada. Para salvar a sus padres deberán trabajar en equipo usando sus poderes; desde la súper elasticidad hasta el control del tiempo y así, poder hacer un equipo fuera de este mundo
—Sinopsis de Netflix—

La repetición tan descarada es un síntoma peculiar; es una idea tan similar a la de Spy Kids tanto en concepto como en su ejecución, pero se tolera, pues al fin y al cabo es una historia para niños y es entendible que por pensar en ellos como audiencia, se les de un espacio breve en donde adquieren el control.

La premisa básica de Spy-Kids se repite en We Can be Heroes

Aquí hay una diferencia muy importante: En Spy Kids uno adora a sus protagonistas Juni y Carmen Elizabeth Juanita Echo Sky Brava Cortez (y a sus padres) desde que inicia la película, pues ellos rebozan de encanto y uno está en un genuino vilo por saber como se desarrolla su historia.

En We can be Heroes tenemos a varios protagonistas siendo un conjunto coral— ósea varios protagonistas encaminados hacia un mismo propósito—, pero ninguno resalta en particular y para cuando terminó la historia no me molesté siquiera en recordar el nombre de alguno de ellos.

We Can Be Heroes: (de izq a der) Vivien Blair/Guppy, Isaiah Russell-Bailey/Rewind, Lotus Blossom/A Capella, YaYa Gosselin/Missy Moreno, Akira Akbar/Fast Forward, Hala Finley/Ojo, Dylan Henry Lau/Slo-Mo.

Esto es solamente empeorado por dirección de actores, pues Rodríguez mas que ser un director que trabaje codo a codo con los actores, es mas bien pragmático y los elige bien desde el casting evitándose en el camino varios problemas… y son aproximaciones muy diferentes para dirigir.

Los actores adultos como Boyd Holbrook y Priyanka Chopra Jonas se ven terribles…. como si algo estuviera muriendo dentro de ellos al decir sus diálogos. No se les ve para nada motivados; mucha falta hicieron Antonio Banderas y Danny Trejo porque les aseguro que hasta un cameo de ellos hubiera dado un chispazo a esta experiencia de hora y media.

We can be heroes
¿Un cameo de Sharkboy & Lavagirl… sin Sharkboy?

El segundo gran lastre de esta cinta es su extraño sentido del humor y constantes referencias a música pop con diálogos al azar. Fue algo muy molesto y que en más de una ocasión me hizo voltear los ojos de la desesperación ¡ y ésto se los dice alguien que en 2021 aún sigue riéndose con los chistes del Chapulín Colorado!

Más que nada se siente muy inconexo que trate de hacer humor barato, ahora que la tendencia es buscar que las películas de superhéroes se vean más maduras y un tanto serious bussiness. ¿Qué acaso Rodríguez no vio Chronicle, Joker o Hero? Estamos hablando de un género que busca reinventarse para no pasar a la irrelevancia.

Rebelde sin crew; pero con raíces profundas

En su aspecto técnico sigo sosteniendo que es impresionante por todas las tareas que absorbe su propio director, pero todos podemos convenir en que sus películas han gozado antes de una buena fotografía.

Desde los hermosos colores que destilaba Desperado por el trabajo de Guillermo Navarro, hasta la magistral iluminación de Alita fotografiada por Bill Pope; las películas de Troublemaker Studios han gozado antes de una mejor fotografía.

Mi mayor problema con We can be Heroes en este rubro es por su cinematografía llana y aburrida, sumada a que siempre tiene el foco lo más abierto posible. Ésto posiblemente facilitó los siempre dinámicos travellings que realiza Rodríguez, pero a un costo definitivo.

Todos estas no son solo minucias técnicas; son síntomas de que su talentoso director no se da cuenta que su esquema de trabajo ya no es fresco o innovador como lo fue en los días de Él Mariachi. En ese entonces él era alguien maduro y confiable.

Pero estamos en 2021: ya no cuenta con sus mismos actores estrella, los efectos especiales son una bicoca que casi toda película cuenta hoy en día, y en vez de progresar y aprender con cada nuevo trabajo, parece ir en una involución. Es un fiel seguidor la filosofía escrita en su libro Rebel without a crew (1995) pero esta solo aplica a quienes están comenzando con su carrera.

Y hace poco intentó volver a sus raíces con Red11… una película que ha tenido un recibimiento bastante tibio, pero que de nuevo, ha encontrado su mayor obstáculo ene l guion mismo.

Sin embargo no es necesario ir tan lejos para poder ver un buen trabajo suyo. Por ello quisiera cerrar esta nota dejando un enlace a su primer corto; quizás su más exitoso. Les recomiendo verlo antes de ver su otra película.

Sus intenciones prístinas eran esperanzadoras, pero ahora, ya sabemos que Robert Rodriguez necesita madurar primero, para así poder volver a hacer una buena película.

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Oscar Velázquez
Oriundo de la CDMX.

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